Una Cuaresma tranquila y perseverante es mucho más fructífera que un plan intenso que se abandona en la segunda semana.
Con el surgimiento en los últimos años de los grandes retos de mortificación y ascesis, hay quien pudiera desanimarse ante la complejidad de algunas propuestas de mortificación o renuncia de cara al tiempo de Cuaresma.
Buscando ofrecer un enfoque más sosegado y realista para maximizar los frutos y cumplir propósitos, el blog de Scepter ha recapitulado cinco prácticas y consideraciones asumibles para todos los fieles basándose en la obra de Jacques Philippe. Y lo hace basándose en una premisa, la de que la Cuaresma no consiste en convertir a los fieles en alguien distinto a quienes son, sino en acercarse más a Dios a través de la renuncia, la oración, el sacrificio y los sacramentos.
1º Partir de un punto de partida sincero y realista
Antes de decidir qué harás durante la Cuaresma, tómate unos minutos para analizar tu estado actual. ¿Cómo están tus fuerzas y energías? ¿Tu vida de oración? ¿Tus relaciones? ¿Tu sensación de paz… o falta de ella?
No se trata de autocrítica. Se trata de honestidad. La Cuaresma no pretende convertirnos en otra persona; pretende mostrarnos donde estamos y acercarnos a Dios.
El crecimiento en la vida espiritual no proviene de grandes gestos, sino de aceptar nuestra pobreza y permitir que Dios obre en ella. La Cuaresma no comienza con intensidad, sino con verdad.
2º Elegir una práctica asumible en la que perseverar
En lugar de reestructurar por completo tu rutina espiritual, considera elegir una práctica en la que puedas perseverar de forma realista.
Esta podría variar según la etapa o momento vital:
- Un joven profesional podría comprometerse a orar en silencio durante cinco minutos antes de revisar su correo electrónico.
- Un estudiante universitario podría leer el Evangelio del día unas cuantas veces a la semana.
- Un padre podría ofrecer el caos diario como una simple oración o escuchar una breve reflexión espiritual mientras conduce.
El objetivo no es impresionar a Dios, sino presentarse como uno es.
3º La Cuaresma no solo es renunciar: también es acoger
Los sacrificios cuaresmales son valiosos, pero su propósito es crear espacio para Dios, no solo poner a prueba nuestra fuerza de voluntad. Antes de decidir a qué renunciar, puede ser útil preguntarse: ¿A qué quiero darle espacio?
¿Menos ruido? ¿Más paciencia? ¿Una mayor conciencia de la presencia de Dios durante el día?
A veces, “darse por vencido” significa aflojar el control sobre la distracción constante o las expectativas poco realistas de uno mismo. En Tiempo para Dios, Jacques Philippe anima con dulzura a los lectores a proteger incluso los pequeños momentos de silencio, porque es ahí donde a menudo Dios realiza su obra más silenciosa e importante.
4º Elige un compañero para el viaje
La Cuaresma puede resultar larga si intentamos recorrerla solos. Elegir un libro espiritual como acompañamiento puede ayudar a anclarla en la temporada y ofrecer perspectiva cuando la motivación decae.
“Busca la paz y consérvala” aborda directamente la inquietud interior que muchos llevamos en la Cuaresma. Para quienes anhelan crecer en la confianza en la misericordia de Dios, en lugar del miedo al fracaso, “El Camino de la Confianza y el Amor” sigue siendo una guía firme.
Incluso leer unas cuantas páginas a la semana puede ser suficiente. La Cuaresma es una carrera de fondo, no un sprint.
5º Confía en que Dios ya está trabajando
Quizás la parte más importante —y menos intensa— de la preparación para la Cuaresma sea recordar que Dios ya está obrando antes de que comencemos. La Cuaresma no se trata de ganar la gracia, sino de responder a ella.
Dondequiera que te encuentres este año —entusiasmado, cansado, distraído, esperanzado—, Dios puede encontrarte allí. Una Cuaresma tranquila y perseverante, [aunque no sea perfecta en cuanto a propósitos], es mucho más fructífera que un plan intenso abandonado en la segunda semana.
Al acercarse la temporada, considera empezar poco a poco, con paciencia y confiando en que Dios hará el resto. Eso, en sí mismo, es una muy buena manera de comenzar.
Fuente: Religión en Libertad
