Líbano bajo fuego nuevamente: una tregua quebrada y civiles atrapados entre la guerra y la ocupación
Una paz que duró apenas días
La tensión en el sur del Líbano volvió a escalar este domingo, cuando Israel reanudó ataques aéreos sobre distintas poblaciones, pese al alto el fuego acordado con Hezbolá que había entrado en vigor apenas nueve días atrás.
Medios libaneses informaron que aviones de combate bombardearon la localidad de Kfar Tibnit, una de las zonas que horas antes había recibido órdenes de evacuación por parte del ejército israelí. Los reportes iniciales hablan de víctimas civiles y severos daños materiales, en una región donde hospitales, rutas y equipos de rescate ya se encuentran colapsados tras semanas de ofensiva militar.

Netanyahu y la doctrina de la “seguridad”
El primer ministro Benjamin Netanyahu justificó las operaciones alegando supuestas violaciones del acuerdo por parte de Hezbolá. Según su postura, Israel se reserva el derecho de actuar preventivamente frente a cualquier amenaza o intento de rearme cerca de la frontera.
Sin embargo, esta lógica de “seguridad preventiva” viene siendo utilizada desde hace años para extender operaciones militares, ocupar zonas estratégicas y consolidar hechos consumados sobre el terreno.
En los hechos, mientras se habla de neutralizar milicias, quienes siguen pagando el costo son los civiles libaneses.

Los que pierden siempre: las familias desplazadas
Miles de habitantes del sur libanés continúan sin poder regresar a sus casas, por orden del gobierno de Netanyahu. Muchos hogares fueron destruidos por los bombardeos recientes y otros quedaron dentro de la llamada “línea amarilla”, un corredor controlado por tropas israelíes donde se les impide el retorno a los residentes que nada tienen que ver con los terroristas que supuestamente se persigue.
El resultado es una población atrapada entre órdenes de evacuación, amenazas de nuevos ataques y una incertidumbre total sobre su futuro.
Con cada “aviso previo” de bombardeo, Israel argumenta minimizar daños. Pero la realidad demuestra otra cosa: quienes abandonan todo, pierden viviendas, comercios y recuerdos son familias que nada tienen que ver ni con decisiones militares de Hezbolá ni con estrategias regionales de Israel. Con un saldo de muertes civiles y ni un terrorista abatido.
¿Golpes reales o castigo colectivo?
Otro dato inquietante es que muchas de estas operaciones no muestran resultados concretos contra la estructura de Hezbolá. No se informan capturas relevantes ni desarticulaciones decisivas. Sí se observan barrios destruidos, infraestructura arrasada y más desplazados.
Eso alimenta una pregunta incómoda: ¿se combate realmente al grupo armado o se somete a una población entera bajo el pretexto de la seguridad?
Patrimonio religioso y heridas profundas
También llegaron denuncias por daños a templos, iglesias, inclusive a una imagen de un Cristo crucificado, que fue destrozada por soldados israelíes, en medio de una población mayoritariamente católica (y que también son perseguidos por los radicales islámicos, es necesario repetirlo).
Este último hecho trascendió, y el gobierno israelí informó que el soldado recibió la reprimenda de sus superiores por el hecho, y reparada la imagen; castigo que pareció para muchos casi una broma de mal gusto. Cuando una guerra arrasa incluso lugares de fe, el mensaje que deja es devastador.

El silencio internacional
La comunidad internacional observa con preocupación, pero con escasa eficacia. Naciones Unidas reclama (o mejor dicho declama) respeto a la soberanía libanesa y protección de civiles, mientras mediadores intentan evitar mayor violencia. Y EEUU mira a su socio en la guerra con Irán cómo se preocupa más en avanzar sobre su vecino que por buscar la paz, sin hacer nada, o casi.
Que la humanidad no mire hacia otro lado
Hoy, el sur del Líbano mayoritariamente cristiano es nuevamente diputado por radicales musulmanes e israelíes. Familias enteras esperan volver a casas destruidas, niños crecen en campamentos de refugiados y muchos adultos mayore, que no se marcharon, sobreviven entre las ruinas. La impotencia del gobierno libanés mira a la ONU, a los países occidentales impotente, buscando apoyos que se traducen en momentos de alto el fuego, sólo para rearmarse tácticamente y volver contra sus verdaderas víctimas: la población local.
Y lo que no se dice en los medios occidentales finalmente es que nada justifica convertir a los civiles como rehenes permanentes de intereses geopolíticos, destrozando sus bienes y sus vidas.
Dios perdone a quienes siembran destrucción. Y que la humanidad no elija, una vez más, mirar para otro lado.
