El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, acudió este 18 de mayo junto a su esposa a la basílica de San Pedro para rendir homenaje a san Juan Pablo II con motivo del 106 aniversario del nacimiento del pontífice polaco.
La visita tuvo lugar a primera hora de la mañana en la tumba de Karol Wojtyła, donde el mandatario depositó un arreglo floral con los colores nacionales de Polonia —rojo y blanco— y permaneció varios minutos en oración.
El gesto fue difundido posteriormente por la presidencia polaca a través de las redes sociales oficiales, acompañando las imágenes con una cita de san Juan Pablo II sobre la transmisión del amor a la patria entre generaciones.
Oraciones por Polonia y por la unidad nacional
Durante el homenaje, el obispo castrense de Polonia, Wiesław Lechowicz, dirigió una oración por el país, por el presidente y por todos los presentes.
“El santo Juan Pablo nos ayude a amar lo que es nuestro: nuestras raíces, nuestra historia, nuestra cultura y la tierra de la que provenimos”, rezó el prelado.
El obispo pidió además reconciliación y concordia para Polonia, así como fidelidad al legado espiritual y moral de Juan Pablo II.
Una misa en polaco en la tumba de Wojtyła
Horas antes también se celebró una misa en lengua polaca en la tumba del pontífice, presidida por el obispo Jan Ozga, ordinario de la diócesis de Doumé-Abong’ Mbang, en Camerún.
Durante la homilía, el obispo Paweł Ptasznik —colaborador histórico de Juan Pablo II y actual presidente de la Fundación Juan Pablo II en el Vaticano— destacó la figura del papa polaco como “un don para el mundo”.
“Alabamos al Señor porque en nuestro mundo complejo nos dio un guardián de la dignidad de cada persona, un guardián de la familia, de la vida y de todos los valores humanos y sociales irrenunciables”, afirmó.
Juan Pablo II, símbolo de la identidad cristiana de Polonia
Más de veinte años después de su muerte, san Juan Pablo II sigue siendo mucho más que un pontífice, su figura continúa ocupando un lugar central en la identidad religiosa y cultural de Polonia. Representa la defensa de las raíces cristianas de Europa, la resistencia espiritual frente al comunismo y una referencia moral frente a la creciente secularización de Occidente.
Fuente: Infovaticana
