Skip to content
Una mirada católica de las noticias
ElCristiano.info ElCristiano.info
ElCristiano.info ElCristiano.info
  • Política
  • Economía
  • Religión
  • Culturales
  • Educación
  • Tecnología
  • Salud
  • Deportes
  • Política
  • Economía
  • Religión
  • Culturales
  • Educación
  • Tecnología
  • Salud
  • Deportes
Canal de WhatsApp
Home/Historia/La expulsión de la Iglesia Católica de Cuba
HistoriaReligión

La expulsión de la Iglesia Católica de Cuba

By elcristianodiario@gmail.com
28/05/2026 5 Min Read
0

La tormenta de 1961: El día que la Revolución Cubana borró la educación y el clero católico

Un giro radical hacia el ateísmo de Estado

Apenas dos años después del triunfo de la Revolución Cubana, el panorama social y espiritual de la isla cambió para siempre. En junio de 1961, el gobierno encabezado por Fidel Castro consolidó un giro radical hacia el socialismo de corte soviético. La primera gran víctima institucional de esta transformación fue la Iglesia católica, que hasta ese momento gestionaba una parte fundamental del tejido social, educativo y asistencial del país. La promulgación de la Ley de Nacionalización de la Enseñanza marcó el inicio de una ofensiva que desmanteló la educación católica en cuestión de meses.

El fin de las aulas católicas

Con la nueva legislación, el Estado cubano prohibió de forma fulminante la educación privada. Unos 350 colegios católicos fueron confiscados de la noche a la mañana. Emblemáticas instituciones dirigidas por órdenes como los Jesuitas, los Hermanos de La Salle y los Maristas vieron cómo sus planteles, laboratorios y bibliotecas pasaban a manos del gobierno.

Para la Iglesia, esta apropiación ilegal supuso la pérdida total de su plataforma de formación juvenil; para el régimen, significó el monopolio absoluto sobre la ideología y la educación de las nuevas generaciones.

Cientos de sacerdotes fueron expulsados de la Cuba comunista

El éxodo silencioso y las aulas vacías

La confiscación de las escuelas dejó a miles de religiosas y monjas sin su principal labor y sustento. Antes de 1959, Cuba albergaba a más de 2,200 religiosas. La asfixia política, el acoso de las milicias y el cierre de sus conventos provocaron un éxodo masivo y angustiante hacia Estados Unidos, España y Latinoamérica. Para finales de 1961, la presencia de congregaciones femeninas quedó reducida a la mínima expresión: apenas unas 200 monjas permanecieron en la isla, resistiendo en condiciones de extrema precariedad.

La expulsión a bordo del “Covadonga”

El punto de no retorno en las relaciones entre el Vaticano y La Habana ocurrió en septiembre de 1961. Tras una serie de procesiones religiosas que terminaron en abiertos choques callejeros contra simpatizantes del gobierno, las autoridades ejecutaron una purga directa. Un total de 136 sacerdotes y religiosos, entre ellos el influyente obispo auxiliar de La Habana, monseñor Eduardo Boza Masvidal, fueron detenidos y obligados a subir al barco español Covadonga con rumbo al destierro. Junto a las salidas voluntarias bajo presión, el clero cubano se redujo drásticamente de 800 sacerdotes a poco más de 200, dejando a cientos de parroquias completamente desiertas.

El papel del Vaticano y de Juan XXIII: Prudencia ante el abismo

Durante los peores meses de la crisis en 1961, el Papa Juan XXIII se encontró ante una encrucijada diplomática. El Vaticano optó por una estrategia de cautela y sutil resistencia, buscando evitar una ruptura total de relaciones diplomáticas que dejara a los católicos de la isla en un abandono absoluto.

A pesar de que el régimen expulsó masivamente a los sacerdotes (como los del barco Covadonga), la Santa Sede nunca retiró formalmente a su nuncio apostólico en La Habana. Esto permitió mantener un canal mínimo de comunicación. La encíclica papal Mater et Magistra de 1961 ya advertía con firmeza sobre los riesgos de las ideologías marxistas y la supresión de las libertades humanas, sirviendo como una condena ideológica directa pero sin romper el último puente diplomático.

Los que se quedaron: Catacumbas y campos de trabajo

Para los poco más de 200 sacerdotes y las cerca de 200 religiosas que permanecieron en Cuba, la vida se transformó radicalmente. Despojados de sus colegios, periódicos y propiedades, el clero se vio obligado a replegarse a un estricto silencio pastoral dentro de los templos.

A mediados de la década de 1960, el acoso gubernamental se institucionalizó a través de las “Unidades Militares de Ayuda a la Producción” (UMAP). Estos eran campos de trabajo forzado agrícolas a donde el régimen enviaba a disidentes, homosexuales y líderes religiosos. Sacerdotes y seminaristas (incluido el joven Jaime Ortega, quien décadas más tarde se convertiría en cardenal de La Habana) fueron reclutados a la fuerza para realizar extenuantes jornadas de corte de caña bajo vigilancia militar, en un intento por “reeducar” y erradicar su influencia social.

La represión cubana y las víctimas mortales: El paredón

La violenta imposición del nuevo régimen cobró miles de vidas en los paredones de fusilamiento entre 1959 y los años 60. Si bien el gobierno centró la pena de muerte en militares del antiguo régimen de Batista, alzados en armas en la Sierra del Escambray y opositores políticos, el componente religioso estuvo trágicamente presente.

Aunque ningún obispo fue ejecutado, numerosos laicos católicos, jóvenes de la Acción Católica y miembros de la resistencia civil fueron fusilados tras juicios sumarios sin las debidas garantías procesales.

El ejemplo más emblemático de esta represión fue el grito que inmortalizaron decenas de jóvenes católicos antes de morir frente al pelotón de fusilamiento en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña: “¡Viva Cristo Rey!”. Entre las víctimas de la represión política también figuraron antiguos colaboradores cercanos de la revolución que profesaban la fe y terminaron en el paredón al oponerse al rumbo comunista, como el comandante Humberto Sorí Marín.

El deshielo de 1998: Juan Pablo II y la apertura al mundo

Tras tres décadas de ateísmo de Estado oficializado en la Constitución (reemplazado por un Estado laico en 1992), las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano dieron un vuelco histórico con la visita del Papa Juan Pablo II en enero de 1998. El pontífice polaco fue recibido en La Habana por un envejecido Fidel Castro en un evento transmitido por los medios estatales.

Durante su histórica estancia, Juan Pablo II pronunció una frase que resonó a nivel mundial: “Que Cuba se abra con todas sus magníficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. La visita logró hitos inmediatos: el régimen permitió por primera vez misas multitudinarias al aire libre, restituyó la Navidad como día festivo oficial, autorizó visados para nuevos sacerdotes extranjeros y liberó a cerca de 200 presos políticos como gesto hacia el Vaticano.

Fue el renacimiento de una Iglesia golpeada que pasó de las catacumbas a recuperar, paulatinamente, su espacio en la sociedad cubana, que nunca dejó la fé, a pesar de la opresión y la persecución de años.

Una anécdota repetida miles de veces en cada rincón de la isla cuenta de las familias que rezaban a la marca en la pared que dejó el crucifijo robado por la policía ideológica de Fidel.

Compártelo:

  • Share on Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Share on WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Share on Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram

Me gusta:

Me gusta Cargando...

Tags:

CubaIglesia Católica
Author

elcristianodiario@gmail.com

Follow Me
Other Articles
Previous

Francia e Inglaterra; dos victorias pro vida ante la cultura del descarte, con eutanasia

Next

La dictadura tecnológica

No Comment! Be the first one.

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Evangelio del día

consultas@frmaria.org
  • Política de cookies
  • Política de privacidad
Copyright 2026 — ElCristiano.info. Todos los derechos reservados.
%d