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Home/Justicia/Schoklender y la eterna impunidad en “Sueños Robados”
Justicia

Schoklender y la eterna impunidad en “Sueños Robados”

By elcristianodiario@gmail.com
28/05/2026 3 Min Read
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Sueños Compartidos entre pocos

Más de quince años después de que estallara uno de los mayores escándalos de corrupción vinculados a organismos de derechos humanos en la Argentina, la causa Sueños Compartidos sigue avanzando con una lentitud desesperante, mientras buena parte de la sociedad continúa esperando que el parricida Sergio Schoklender finalmente responda ante la Justicia y pague por los delitos que se le imputan. Y la devuelva.

El exapoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo volvió esta semana al centro de la escena judicial al ampliar su declaración indagatoria en el juicio oral que investiga presuntas irregularidades en la construcción de viviendas sociales financiadas con fondos públicos millonarios. Lejos de mostrar arrepentimiento, Schoklender volvió a desplegar una estrategia defensiva basada en acusaciones cruzadas, insinuaciones políticas y revelaciones que buscan arrastrar a otros actores del poder de aquella época.

En ese contexto, aseguró que el constitucionalista Eduardo Barcesat habría hablado con Hebe de Bonafini “para que le transmita a Aníbal Fernández”, a quien describió como una figura que en ese momento “monopolizaba” el Ministerio del Interior y Justicia y era “medio el dueño de todo”. La frase no pasó inadvertida, no sólo por el peso político de los nombres involucrados, sino porque vuelve a poner sobre la mesa las conexiones políticas que durante años rodearon el caso.

El símbolo de una corrupción obscena

La causa Sueños Compartidos se convirtió con el tiempo en mucho más que un expediente judicial. Para millones de argentinos, representa uno de los ejemplos más obscenos de corrupción, manipulación política y utilización de causas nobles para negocios personales.

Mientras miles de familias humildes esperaban viviendas prometidas por el Estado, el programa terminó envuelto en sospechas de desvío de fondos, empresas fantasma, sobreprecios y manejos irregulares de dinero público. En el centro de ese entramado apareció Schoklender, un personaje tan polémico como oscuro, cuya historia personal ya cargaba con uno de los antecedentes criminales más impactantes del país: el asesinato de sus propios padres.

Aquel pasado brutal nunca dejó de perseguirlo. Sin embargo, logró convertirse durante años en la mano derecha de Hebe de Bonafini y administrar millonarios recursos estatales bajo el paraguas simbólico de las Madres de Plaza de Mayo, una institución que terminó siendo parte de la estafa kirchnerista.

La caída fue tan estruendosa como el poder que había acumulado.

Una causa interminable

Lo que más irrita a gran parte de la opinión pública no es solamente la magnitud del escándalo, sino la interminable demora judicial. Pasaron más de quince años desde que explotó el caso y todavía no existe una condena firme.

En cualquier democracia seria un expediente de semejante gravedad habría tenido definiciones mucho más rápidas. Sin embargo, en la Argentina, las causas de corrupción vinculadas al poder político parecen quedar atrapadas en un laberinto eterno de apelaciones, nulidades, dilaciones y maniobras procesales.

Mientras tanto, Schoklender continúa apareciendo públicamente, concediendo entrevistas, realizando declaraciones provocadoras y presentándose casi como un perseguido político, algo que genera indignación en la ciudadanía, que considera que el daño causado fue enorme y que todavía no hubo reparación alguna.

La impunidad en los tres poderes

Muchos argentinos nunca pudieron comprender cómo figuras como Hebe y Schoklender llegaron a manejar semejante nivel de poder, recursos y contactos políticos sin controles eficaces del ejecutivo, con una Justicia cooptada y un Congreso que miraba para otro lado, también.

El tiempo transcurrido no borró el enojo ni las preguntas pendientes. ¿Dónde fue a parar el dinero? ¿Quiénes se beneficiaron? ¿Cuántos funcionarios sabían lo que ocurría? ¿Por qué nadie detuvo antes el esquema? Eran 4.400 viviendas en diferentes puntos de Argentina, y sólo se terminaron entregando, tardíamente, 840 casas. El resto quedó en los bolsillos de una mafia que siguen alegremente libres, después de tanto tiempo…

Cada nueva declaración de Schoklender vuelve a reabrir heridas y refuerza la sensación de impunidad que rodeó por años a la causa, apropiándose de más 50 millones de dólares y de los sueños robados de cientos de familias.

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