Llevaban apenas 20 días de casados…
Como cualquier pareja joven, seguramente soñaban con una vida juntos. Un hogar. Una familia. Años de recuerdos compartidos.
Pero Dios les pidió algo que nadie habría imaginado.
San Timoteo y Santa Maura apenas habían comenzado su matrimonio cuando estalló la persecución contra los cristianos en Egipto.
Timoteo, que custodiaba las Sagradas Escrituras, fue arrestado y brutalmente torturado para que entregara los libros sagrados.
Se negó.
Entonces llevaron ante las autoridades a Maura, su joven esposa.
Quizás pensaban que ella lo convencería de rendirse.
Ocurrió exactamente lo contrario.
Maura no le pidió que salvara su vida.
Le recordó que permaneciera fiel a Cristo.
Y cuando llegó su turno de sufrir, ella misma confesó valientemente su fe.
Los torturaron. Los humillaron. Intentaron quebrarlos.
Pero no pudieron.
Finalmente fueron condenados a morir crucificados.
Dos cruces fueron levantadas una frente a la otra.
Y allí ocurrió algo extraordinario.
Mientras el dolor consumía sus cuerpos, ambos se animaban mutuamente. Hablaban del Cielo. Rezaban juntos. Se recordaban las promesas de Cristo.
Cuando uno se debilitaba, el otro le daba fuerzas.
Su historia nos enseña que el amor más fuerte no es el que se basa solamente en los sentimientos.
Es el que tiene a Dios en el centro.
Timoteo y Maura estuvieron casados solo unas semanas en la tierra.
Pero su unión continúa para siempre en la eternidad.
Porque los matrimonios construidos sobre Cristo no terminan en una tumba.
Comienzan en ella el camino hacia el Cielo.

Santos Timoteo y Maura, enseñen a nuestros matrimonios a permanecer fieles en las pruebas, a caminar juntos hacia Dios y a recordar que el amor verdadero siempre conduce a la eternidad. Amén.
Fuente: Comunidad del Espíritu Santo
