El saldo del Acto de la CGT: Sin propuestas y con pintadas en la Catedral
El acto convocado por la CGT en la Plaza de Mayo, que había sido anunciado como la “mayor concentración de trabajadores” de los últimos tiempos, estuvo lejos de cumplir con las expectativas planteadas por la dirigencia sindical. Mientras los organizadores esperaban de una asistencia cercana a las 150.000 personas, distintas estimaciones —incluidas imágenes aéreas— mostraron que en el momento central del acto no se reunieron más de 10.000 manifestantes.
El armado del escenario, ubicado a menos de 60 metros del Cabildo, ya anticipaba una convocatoria acotada. Cabe recordar que, según cálculos de la Policía Federal, la Plaza de Mayo puede albergar entre 90.000 y 100.000 personas en un lleno total. Además, gran parte de los asistentes no correspondían a trabajadores sindicalizados, sino a militantes de organizaciones de izquierda, identificables por consignas, banderas y carteles.

Reclamos sindicales y contexto político
Los reclamos de la central obrera encuentran cierto sustento en el difícil contexto social que atraviesa la Argentina tras años de crisis económica. Sin embargo, no puede soslayarse que los principales referentes de la CGT mantuvieron una estrecha relación política con el gobierno anterior, causante de los problemas heredados por la actual administración, cuyo final estuvo marcado por una fuerte inestabilidad económica y social, con inflación mayor al 25% mensual, dólar imparable y pobreza por encima del 55%.
Durante el acto, el cosecretario general de la CGT, Octavio Argüello, llamó a “ganar la calle” y a “pelear por los derechos de los trabajadores”, además de convocar a un paro nacional. No hubo ni una propuesta para la redacción de una nueva Ley Laboral, necesaria. Un discurso que, para muchos sectores, lejos de contribuir al debate democrático y parlamentario, alimenta la confrontación y eleva la tensión social, sin ofrecer soluciones concretas al ciudadano común, ni alternativas.
Resultados del actual proceso económico
Más allá de las dificultades persistentes, distintos indicadores muestran avances logrados durante la gestión de la adminstración del presidente Milei, en gran parte sostenidos por el esfuerzo de la ciudadanía. Entre ellos se destacan la desaceleración de la inflación, la recuperación gradual del consumo, la estabilidad cambiaria tras la escalada del dólar registrada en la gestión de Sergio Massa y una reducción significativa de los índices de pobreza en más de 20 puntos.
Asimismo, se registró una mejora en el control del orden público, la violencia callejera y el avance del narcotráfico, fenómenos que habían alcanzado niveles críticos en el tramo final del gobierno anterior. Estos resultados se alcanzaron, además, en un contexto de minorías parlamentarias y con un margen de maniobra política limitado, lo que incluso ha sido reconocido por observadores internacionales.
Esto no significa que todo está bien. Y los errores del gobierno en los días pasados, en plena discusión parlamentaria, introduciendo temas que no estaban acordados en el Presupuesto, demuestran que no será fácil hallar el bien común en un texto necesario para laa Ley de Leyes. Menos, para la reforma de las leyes laborales que mucho más, son necesarias para reactivar el empleo genuino y la reactivación de la pequeñas y medianas empresas en la Argentina, temas que a la CGT hoy, evidentemente, no le interesa, por lo visto y oído en la plaza. En un acto que no conformó ni a los propios, y sólo dejó el desagradable saldo de la falta de respeto de la utraizquierda atea y violenta, en las paredes de la Casa de Dios.

Ataque a la Catedral Metropolitana
Sí, el ataque a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, un espacio de profundo valor religioso, histórico y cultural, fue el penoso saldo del acto de la CGT. Grupos minoritarios realizaron pintadas ofensivas y mensajes que incitan a la violencia, en un acto de intolerancia religiosa que generó repudio generalizado.
El Arzobispado de Buenos Aires expresó su sorpresa y malestar a través de un comunicado, condenando los hechos y recordando el carácter sagrado del templo, que ha sido históricamente un lugar de encuentro, oración y refugio para todos los ciudadanos, más allá de sus ideas políticas.
Intolerancia, llamados a la violencia y responsabilidad social
En medio de este hecho penoso, en redes sociales y algunos medios incluso, se registraron expresiones de dirigentes sindicales y militantes que manifestaron su deseo de que diciembre termine con violencia en las calles. Este tipo de mensajes resultan particularmente preocupantes en un país que necesita reconstruir la convivencia democrática y fortalecer el respeto por las instituciones.
La Argentina no necesita más enfrentamientos ni actos vandálicos, sino diálogo, responsabilidad y respeto mutuo. También respeto por la fe católica, mayoritaria en el país, especialmente en un mes como diciembre, cuando se celebra el nacimiento del Salvador del Mundo.
Un llamado a la convivencia y al respeto institucional
La reconstrucción de la Argentina, tras décadas de crisis económica y moral, exige madurez política y social. Es fundamental que minorías violentas no pongan en riesgo los avances logrados ni deterioren la convivencia democrática. El diálogo es necesario y debe ser promovido por todos los sectores, comenzando por el Gobierno.
Que unos pocos no destrocen todo lo conseguido, en este largo camino de reconstrucción que mayoritariamente también, los argentinos han elegido. Con aciertos y errores. Con dialogo, necesario. Para brindarle a la Argentina la oportunidad de salir del pozo de decenas de años de crisis económica y moral, que nos ha llevado hasta aquí.