Diego Santilli, la apuesta para recuperar la iniciativa política
La salida de Manuel Adorni abre una nueva etapa para el Gobierno nacional. Tras varios meses en los que las polémicas alrededor del entonces jefe de Gabinete condicionaron la agenda legislativa, la llegada de Diego Santilli aparece como una apuesta para reconstruir puentes con la oposición dialoguista y devolverle dinamismo al Congreso.
La expectativa oficial es que el cambio permita dejar atrás una crisis política que terminó opacando buena parte de la gestión parlamentaria de La Libertad Avanza.
Una agenda que quedó paralizada
Durante los primeros meses de gestión, el oficialismo logró avanzar con iniciativas importantes, entre ellas la aprobación del Presupuesto 2026, la reforma laboral y la ley de Glaciares. Sin embargo, esa dinámica comenzó a frenarse cuando estallaron distintas controversias vinculadas a Manuel Adorni.
A partir de entonces, el clima político cambió sensiblemente. Incluso legisladores que habitualmente acompañaban al Gobierno comenzaron a tomar distancia, convencidos de que sostener determinadas alianzas podía tener un elevado costo político.
Como consecuencia, numerosos proyectos impulsados por el Poder Ejecutivo quedaron prácticamente inmovilizados en ambas cámaras del Congreso.
Ni siquiera los anuncios realizados por el presidente Javier Milei durante la apertura de sesiones ordinarias lograron transformarse en iniciativas con posibilidades reales de aprobación. Entre ellos figuraban reformas políticas, cambios en la legislación sobre tierras y otros proyectos considerados estratégicos por la Casa Rosada.
El perfil político de Santilli
En ese contexto, Diego Santilli aparece como una figura con experiencia parlamentaria y capacidad de diálogo.
Su paso por distintos cargos ejecutivos y legislativos le permitió construir relaciones personales con dirigentes de diversos espacios políticos, una característica que dentro del oficialismo consideran indispensable para recomponer el vínculo con gobernadores, legisladores provinciales y bloques aliados.
Entre quienes mantienen diálogo con el Gobierno existe una percepción compartida: Santilli conoce el funcionamiento del Congreso, entiende la lógica de la negociación política y posee un estilo más pragmático para alcanzar consensos.
La estrategia legislativa
Uno de los aspectos más valorados del dirigente es su criterio para administrar los tiempos parlamentarios.
Quienes trabajaron junto a él destacan una máxima que suele repetir: ningún proyecto debe llegar al recinto sin tener previamente garantizados los votos necesarios para su aprobación.
Esa metodología permitió, en distintas oportunidades, evitar derrotas legislativas que hubieran significado un costo político para el Gobierno.
La expectativa ahora es que esa misma estrategia permita reactivar proyectos que permanecen pendientes, entre ellos la denominada Ley Hojarasca, la adhesión argentina al PCT, la reforma de Salud Mental, la nueva Ley de Sociedades y la regulación del lobby.
Recuperar la confianza
Más allá de los cambios de nombres, el verdadero desafío será recuperar la confianza política.
Las tensiones internas, las polémicas públicas y la prolongación de una crisis que pudo haberse resuelto mucho antes terminaron afectando la imagen del oficialismo y desviando la atención de los principales problemas del país.
La Argentina necesita un Congreso que funcione y un Gobierno concentrado en gestionar. La estabilidad institucional, la búsqueda de consensos y la capacidad para impulsar reformas de fondo deberán ocupar nuevamente el centro de la escena.
Y se supere, por fin, una crisis innecesaria, que se inició con una respuesta infeliz “me estoy deslomando …” y que terminó haciendo temblar la credibilidad de todo el gobierno. Ojalá que Milei y su entorno prioricen de ahora en más, la gestión y no los hombres. Por el bien de los argentinos, que están haciendo el esfuerzo para sacar la Argentina adelante.
