Cuando el dinero vale más que el mensaje
Durante el Mundial de Futbol comenzó a circular una publicidad desarrollada con inteligencia artificial que recrea la imagen y la voz de Diego Maradona para promocionar una plataforma de apuestas online. Más allá de los términos desagradables que le hacen decir a Diego, y los aspectos legales sobre los derechos de imagen, la campaña deja una pregunta mucho más inquietante: ¿todo vale cuando hay dinero de por medio?
Resulta difícil imaginar si el propio Maradona habría aceptado en vida convertirse en el rostro de las apuestas en línea, que hoy enfrenta crecientes cuestionamientos por el aumento de la ludopatía entre adolescentes y jóvenes.
Lo cierto es que ahora otros deciden por él: Sus herederos administran esos derechos y, evidentemente, consideraron más importante que la imagen de Diego, el beneficio económico que esa publicidad cuestionable transmite a millones de personas.
Una adicción que destruye familias
Pero el problema va mucho más allá de una familia sin escrúpulos éticos, de la idea del spot, o de un contrato comercial con visos de legalidad.
Lo verdaderamente grave es que se utiliza a uno de los máximos ídolos populares de la Argentina para naturalizar una actividad que está destruyendo la vida de miles de jóvenes. Porque el juego compulsivo no es un entretenimiento inocente cuando se transforma en una adicción. Y eso es lo que todos los indicadores marcan.
Las noticias policiales muestran una realidad conocida: muchos ludópatas comienzan tomando dinero de sus propias casas, luego de familiares y amigos, hasta terminar, en algunos casos, cometiendo delitos para conseguir el dinero y seguir apostando. Es el mismo mecanismo destructivo que acompaña a otras adicciones, como la droga.
Mientras tanto, la publicidad invade redes sociales, transmisiones deportivas y hasta el propio Mundial de fútbol, donde millones de menores observan a sus ídolos sin distinguir entre deporte y negocio.
¿Dónde está el Estado?
La pregunta inevitable es: ¿qué hace el Estado? ¿Qué hace la Justicia?
Hace años se prohibió la publicidad del cigarrillo porque finalmente se entendió que el interés sanitario debía prevalecer sobre el interés comercial. La industria tabacalera protestó, pero la sociedad ganó una batalla en favor de la salud pública. Y agricultores e industrias no dejaron de vender cigarrillos; pero sin promocionar esa adicción.
¿Por qué no ocurre lo mismo con las apuestas online, cuando los índices de ludopatía han crecido de manera alarmante en la Argentina y el acceso desde un teléfono celular resulta prácticamente ilimitado, inclusive para los menores de edad?
Si el Estado tiene la obligación de proteger a los menores y prevenir las adicciones, resulta difícil comprender por qué estas campañas continúan multiplicándose sin mayores restricciones.
Nuestros hijos están en juego
Empresarios que privilegian sus ganancias, campañas que apelan a ídolos populares para captar nuevos jugadores y organismos públicos que parecen mirar hacia otro lado conforman un escenario preocupante.
No se trata de Diego Maradona. Se trata de la industria del juego utilizando su figura para seducir a una nueva generación de apostadores.
La pregunta final es si como sociedad seguiremos aceptándolo con indiferencia o si, de una vez por todas, exigiremos límites claros para proteger a la sociedad.
En la Argentina, la legislación sobre el juego y la prevención de la ludopatía está fragmentada, ya que la regulación de las apuestas es una facultad delegada a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En consecuencia, existen normativas locales diversas —como las directrices de juego responsable de LOTBA en CABA o leyes provinciales específicas— que imponen restricciones a la publicidad. Paralelamente, el Congreso de la Nación mantiene en debate proyectos para unificar una Ley Federal de Prevención de la Ludopatía Online, orientada a prohibir el patrocinio deportivo de apuestas, restringir la publicidad digital, mucho más la dirigida a menores, y coordinar políticas sanitarias a nivel nacional para combatir esta adicción.
Ojalá los gobiernos hagan algo, si no lo hace la Justicia. Por lo pronto, deberían hacer desaparecer con causa (prevención de las adicciones), la publicidad. ¿O tendrá que ser la ciudadanía, en defensa propia, que tenga que presentar una denuncia a la Justicia para que hagan algo?
No es a Maradona. Es al juego al que se le rinde tributo. ¿Nos rendiremos ante eso como sociedad? Nuestros hijos están en juego, no el fútbol.
