La final del Mundial enfrentará a dos grandes selecciones, Argentina y España. Habrá táctica, emociones, presión y millones de personas pendientes del resultado. Sin embargo, detrás de ese duelo deportivo existe una historia mucho más profunda que el marcador. Lionel Scaloni y Luis de la Fuente comparten una amistad construida durante años, una forma similar de entender el fútbol y, sobre todo, una misma fe católica que orienta sus vidas. ¿Lo sabías?
En tiempos donde el deporte suele estar dominado por el espectáculo, los egos y las polémicas, ambos entrenadores ofrecen un mensaje diferente: el éxito nunca puede estar por encima de los valores.
Una amistad nacida en el fútbol y fortalecida por los mismos principios
Scaloni y De la Fuente se conocen desde hace años. El fútbol los acercó profesionalmente, pero con el tiempo descubrieron coincidencias mucho más importantes que un sistema táctico o una idea de juego.

De la Fuente fue profesor de Scaloni durante su curso de entrenador en la RFEF (Real Federación Española de Fútbol). Tras eliminar a Francia en semifinales, reconoció públicamente que quería enfrentar a Argentina en el partido definitorio, afirmando: “Tengo mucha ilusión por enfrentarnos a Argentina por la amistad que tengo con Lionel Scaloni”. De su lado, el técnico argentino, luego de vencer a Inglaterra dijo, refiriéndose a su par español: “Vivo en España, tengo familia española, pero lo siento, vamos a intentar ganarles”.
Los dos destacan por su perfil bajo, el respeto hacia sus rivales, el valor que conceden a la familia y una manera serena de ejercer el liderazgo. Quienes los conocen aseguran que comparten conversaciones que muchas veces van más allá del deporte, porque los une una misma mirada sobre la vida y una profunda confianza en Dios.
Quizás esa sea una de las imágenes más valiosas que deja este Mundial: dos entrenadores amigos que competirán con intensidad durante noventa minutos, pero sin perder el respeto ni la admiración mutua.
La fe silenciosa de Lionel Scaloni
La espiritualidad de Lionel Scaloni nunca fue utilizada como una herramienta de marketing. Es una vivencia discreta, coherente y cotidiana.
Habitualmente se persigna antes de cada partido y, durante las concentraciones en Buenos Aires, suele encontrar momentos de oración en la parroquia del Seminario Metropolitano, donde asiste a Misa, según relata el Capellán de la AFA. Personas cercanas al cuerpo técnico cuentan que encomendarse a Dios forma parte de su rutina mucho antes de que llegaran los títulos.
Ese testimonio también ha impregnado al grupo. En las concentraciones de la Selección Argentina suelen estar presentes imágenes de la Virgen de Luján, acompañando al plantel en cada competencia internacional.
Más que pedir victorias, el mensaje que transmite Scaloni es el de la humildad, el trabajo compartido y la confianza mutua, valores profundamente compatibles con la tradición patriótica y cristiana de los argentinos.

Lionel Scaloni cantando el Himno Nacional en el partido contra Inglaterra
Luis de la Fuente: “Yo rezo todos los días”
Del otro lado estará Luis de la Fuente, quien recientemente dejó una de las reflexiones más valiosas de este Mundial.
Consultado sobre qué le pide a Dios antes de un partido decisivo, sorprendió con una respuesta que trascendió el ámbito deportivo.
“No rezo para ganar”, explicó. “Yo rezo todos los días. Doy gracias por la vida, por despertarme con salud y por tener una nueva oportunidad.”
Luego agregó una frase que resume toda una concepción cristiana del deporte:
“Sería injusto pedirle que me ayude a mí y no al rival.”
Lejos de las supersticiones, De la Fuente entiende la oración como un acto de gratitud, confianza y abandono en la voluntad de Dios. Su ejemplo recuerda que la fe no aparece únicamente cuando llegan las dificultades o los grandes desafíos, sino que forma parte de la vida cotidiana.

De la fuente rezando antes de un partido de la Selección Española
Mucho más que un partido
En una sociedad acostumbrada a convertir cada competencia en una guerra, resulta esperanzador encontrar protagonistas que entienden que el rival no es un enemigo, sino alguien que merece el mismo respeto y la misma dignidad.
Gane quien gane, uno será campeón y el otro deberá despedirse del sueño mundialista. Pero ambos ya habrán dejado una enseñanza que trasciende ampliamente el fútbol.
La verdadera victoria no consiste solamente en levantar una copa. También está en vivir con coherencia los propios valores, mantener la humildad en el éxito, aceptar con entereza la derrota y comprender que existen bienes mucho más importantes que cualquier resultado deportivo.
Ojalá que la Virgen en sus advocaciones de Luján, patrona de Argentina, y del Pilar, histórica patrona de España e Hispanoamérica toda, acompañe a sus hijos Lionel Scaloni y a Luis de la Fuente. Y que los siga iluminando para que continúen siendo entrenadores exitosos, pero, sobre todo, hombres cuya conducta inspire a las nuevas generaciones.
Porque los campeones pasan. Pero los ejemplos de vida permanecen.
