La invasión a Ceuta, el auxilio humanitario y la defensa de la soberanía
Dos semanas después de la entrada ilegal de decenas de miles de personas a Ceuta, en su mayoría jóvenes de 20 a 30 años, la ciudad continúa atravesando una situación excepcional.
En pocos días regresaron la mayoría de ellos a Marruecos, demostrando que no eran inmigrantes buscando una vida mejor, sino parte de una acción gestionada políticamente.
Las cifras varían, mientras el gobierno de Sánchez llegó a hablar de 2.500, las cifras que maneja la gobernación de Ceuta referente a los que permanecen en las calles son más de 8.000 ilegales.
Mientras las autoridades intentan contener la emergencia, los servicios públicos afrontan una presión extraordinaria y comienzan a conocerse denuncias y episodios que alimentan el miedo de los vecinos de la ciudad.
El debate que resulta inevitable: cómo se debe responder sin renunciar a la seguridad, al cumplimiento de la ley y al bien común.
Una emergencia que desbordó a la ciudad
Entre el 30 y el 31 de julio, más de 72.000 personas cruzaron ilegalmente la frontera de Ceuta desde Marruecos.
La magnitud del episodio llevó incluso al presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, a hablar de una “invasión” y advertir que “la demografía es un arma”. La ministra de Defensa, Margarita Robles, utilizó también el término “agresión” para referirse a la situación.
El desborde migratorio se cobró numerosas víctimas mortales en la costa, que se ahogaron en el intento de bordear los cientos de metros a nado, para alcanzar la costa española.

El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, calificó la situación de “máximo riesgo” para la convivencia y reclamó transparencia en la información. Los ciudadanos exigen seguridad, más allá que muchos siguen incluso ayudando solidariamente con agua y comida.
Seguridad y preocupación entre los vecinos
Mientras, el Tribunal Superior de Justicia confirmó la tramitación de denuncias por agresiones sexuales atribuidas a hombres marroquíes llegados durante la avalancha. Entre ellas figuran casos que involucran la agresión a menores. También se produjeron detenciones relacionadas con otros delitos, como lesiones, atentados contra agentes y tráfico de drogas.
Los sindicatos policiales han advertido sobre el incremento de las intervenciones y de las situaciones de tensión.
Los testimonios más significativos son los de los propios vecinos.

Entre los muchos reportajes cubiertos por la televisión española, una mujer de más de 60 años señalaba que a entregaba diariamente algo de comida y botellas con agua a unos jóvenes que se habían instalado en su cuadra, pero durante la noche, dormía con un cuchillo por miedo a lo que le pudiera suceder.
Su testimonio resume una contradicción que merece ser escuchada: una persona puede sentir miedo ante una situación que percibe como amenazante y, al mismo tiempo, conservar la voluntad de ayudar a quien necesita asistencia.
La solidaridad no debería exigirle a nadie renunciar a su propia seguridad. Y a una nación soberana a recibir sin control a migrantes. Y a no respetar el cumplimiento de su legislación migratoria.

Las razones de una invasión que puede repetirse
No fue la urgencia social. No eran “migrantes”. Son el arma que Marruecos dispone para presionar a España.
El pulso por el control geopolítico en el Magreb ha vuelto a trasladarse a las fronteras de Ceuta. Marruecos utiliza la flexibilización de sus controles fronterizos como una herramienta de presión directa contra al gobierno español, en respuesta a los recientes acercamientos y acuerdos económicos de Madrid con Argelia.
Para Rabat, cualquier alianza de su vecino europeo con el gobierno argelino —su histórico rival y principal apoyo del Frente Polisario en el conflicto del Sáhara Occidental— representa una línea roja que desestabiliza el equilibrio de fuerzas en la región.
Y hay más; el gas, que antes circulaba desde Argelia por un gasoducto (que atravesaba Marruecos con destino a España) ahora va por otra vía. Y Rabat ya no cobra más el canon millonario que se embolsaba.

Los migrantes de Ceuta son en realidad un arma de negociación política. Al permitir la llegada masiva de personas a la ciudad autónoma, la monarquía alauita no solo envía una advertencia explícita al Gobierno español sobre los costes de priorizar el gas y la diplomacia argelina, sino que también exige a la Unión Europea un respaldo cerrado a sus propias pretensiones soberanistas, alegando derechos sobre las tierras españolas en Africa, que jamás pertenecieron al reino marroquí.
España ha enviado más de 500 millones de Euros de “ayuda económica” por años a Marruecos, y trasfirió más de 130 millones más y equipamiento policial para que Rabat ejerza el control de sus fronteras. Pero la táctica evidencia cómo la estabilidad humanitaria en la frontera sur de Europa sigue estrechamente vinculada a las complejas y tensas dinámicas de poder en el norte de África.
Mientras, el pueblo español exige que se cumplan las leyes y se protejan sus fronteras. Pero el gobierno agonizante de Pedro Sánchez, ha demostrado por años que no puede o no quiere. De hecho, en los últimos años sólo ha deportado uno de cada 7 marroquíes ilegales. Una política migratoria pro electoral o mano de obra barata, que atenta contra los españoles? O una claudicación directa de entrega al Rey de Marruecos.

El papel de la Iglesia
Es precisamente aquí donde la Iglesia tiene una responsabilidad especialmente delicada.
La asistencia inmediata a los miles que permanecen en las calles —agua, alimentos, ropa y atención sanitaria— es necesaria y merece reconocimiento, en especial a menores de edad. Pero la doctrina social de la Iglesia no se reduce a la ayuda humanitaria.
El Catecismo, en su número 2241, establece el deber de acoger al extranjero “en la medida de lo posible”, pero también reconoce el derecho de las autoridades a regular la inmigración en función del bien común y recuerda el deber de quienes llegan de respetar las leyes y las costumbres del país que los recibe.
Por eso, una respuesta cristiana completa debería incluir las dos dimensiones: la defensa de la dignidad de cada persona y la defensa del bien común.
El inmigrante no deja de ser una persona porque haya ingresado ilegalmente. Pero la ilegalidad tampoco desaparece porque quien la comete se encuentre en una situación vulnerable. Y en el caso de la invasión en Ceuta, no son migrantes buscando una vida mejor, sino parte de una decisión política de quienes los mandan.
Misericordia, justicia y verdad
La Iglesia tiene además una oportunidad para denunciar las estructuras que convierten a las personas en instrumentos de intereses políticos, económicos o geopolíticos.
Si existen mafias que transportan seres humanos, deben ser denunciadas.
Si existen gobiernos que utilizan movimientos migratorios como mecanismo de presión, también debe decirse.
Si hay personas que mueren intentando cruzar el mar, es necesario preguntarse por qué llegaron a esa situación. Ocurre hace años en todo el Mediterráneo.
Y si una población local siente miedo, ese miedo también merece ser escuchado, y por supuesto protegido. Más, cuando ya ocurrieron robos, usurpación de propiedades …y violaciones.
Reducir todo el fenómeno a “acoger” puede resultar tan insuficiente e injusto como reducirlo exclusivamente a “rechazar”.
La verdadera respuesta cristiana completa debería ser mucho más exigente: proteger al vulnerable, defender al ciudadano, combatir a las mafias, exigir responsabilidad a los gobiernos y reclamar el cumplimiento de la ley.
Una oportunidad para recuperar el equilibrio
Sería injusto desconocer que dentro de la Iglesia también han surgido voces que han advertido sobre la dimensión geopolítica del fenómeno y sobre la utilización de personas como instrumentos de poder. De hecho, el Obispo Luis Argüello, presidente de la Conferencia Española lo ha hecho.
Pero esas voces necesitan ocupar un lugar más visible.
Porque los vecinos de Ceuta no necesitan únicamente ayuda material. Necesitan también saber que sus pastores comprenden sus temores y que no consideran moralmente sospechoso reclamar seguridad.
Debe ofrecer agua al sediento, pero también reclamar fronteras seguras.
Debe defender al migrante, pero diferenciar a una avalancha de extranjeros con un fin político, recordando que el bien común es un principio inseparable de la justicia.

Vecinos de Ceuta salen a 10 días de la invasión a pedir presencia del Estado en la ciudad
Ceuta plantea, en definitiva, una pregunta que va mucho más allá de esta crisis concreta: ¿es posible ser profundamente solidario sin abandonar la prudencia? Europa (el gobierno español incluido) han permitido una invasión progresiva ya anunciada hace más de 50 años en la ONU, por el presidente musulmán de Argelia que dijo textualmente:
“Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria”.

Manifestación de ciudadanos musulmanes frente a Notre Dame
En ciudades como París, Londres, Barcelona, en distritos enteros de Alemania, en Suecia, en casi todas los países europeos están enfrentando problemas con la acogida indiscriminada de personas que llegan a vivir el sueño europeo supuestamente huyendo de sus países, pero que quieren transformarlos, paradójicamente, en lo mismo de donde huyeron; rechazando las costumbres, las leyes, buscando imponer sus costumbres.
Muhammar Gadafi, líder libio que fue muerto en la “Primavera Arabe” dijo hace 20 años:
“Tenemos cincuenta millones de musulmanes en Europa. Hay signos de que Alá garantizará la victoria del Islam en Europa, sin espadas, sin armas, sin conquista militar”.
El crisol de razas que en Argentina logramos, y de lo que estamos orgullosos, no fue imitado por esta inmigración ideológica (el Islam en realidad no es sólo una religión). Y Bruselas, con su ingenuidad o pragmatismo económico, y primariamente por su odio a la cultura católica, lo ha permitido. Hay reacciones. Lo que muchos advertían ya es evidente.

Cuadro de Isabel la Católica en la recuperación de Granada
Quizá la tarea de la Iglesia sea de ser luz en la defensa de la Fé y las tradiciones europeas que con ingeniería social mediante, se dejaron atrás. Y nuevamente poner a la Doctrina Social de la Iglesia como la forma de recuperar para la Cristiandad a occidente, en defensa propia, respetando al verdadero migrante pero exigiendo respeto e integración genuina con la sociedad que lo acoge.
Recuperar el equilibrio moral que permita mirar al otro con compasión sin dejar de mirar de frente la realidad desde el sentido común y los valores es lo que reclama Ceuta hoy, que espera en cualquier momento una nueva agresión a su soberanía con jóvenes marroquíes como arma.
Muchos ceutíes ya rezan a la Sierva de Dios Isabel la Católica, la reina española que reconquistó España y defendió la Fé de su pueblo, pidiendo protección en estos momentos de indefensión que padecen…
