Un soldado católico llamado Miguel entregó su vida por sus compañeros

El 29 de septiembre de 2006, fiesta de San Miguel Arcángel, el Navy SEAL Michael A. Monsoor tomó una decisión que le costaría la vida.
Una granada cayó sobre el techo donde se encontraban él y sus compañeros en Ramadi, Irak. Monsoor estaba más cerca de la salida y podía escapar.
Pero eligió quedarse.
Se lanzó sobre la granada, absorbiendo con su propio cuerpo la explosión y salvando la vida de los hombres que estaban a su alrededor.
Por ese acto de heroísmo, recibió póstumamente la Medalla de Honor.

Su tumba, acompañada por el Santo Rosario
Pero su sacrificio no comenzó aquel día.
Católico practicante, Monsoor asistía regularmente a Misa y a la confesión. Desde niño había demostrado un corazón dispuesto a darse por los demás: incluso llegó a regalar sus propios juguetes de Navidad.
Durante su servicio militar, extendió voluntariamente su despliegue para que un compañero pudiera regresar a casa y estar con su esposa y su hijo recién nacido.
En sus últimos momentos, recibió los últimos sacramentos de manos del capellán de su unidad.
Su vida fue una preparación silenciosa para aquel instante.
Y en la fiesta de San Miguel Arcángel, el hombre que llevaba el nombre del príncipe de las milicias celestiales realizó un acto de amor sacrificial: entregar su vida para que otros pudieran vivir.

«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).
Fuente: Vida Católica
