En un mundo empresarial obsesionado con la acumulación de activos, la maximización de ganancias y el éxito medido en números netos, la historia de la Universidad Ave María y la comunidad que la rodea destaca como un testimonio de desapego y un modelo radical de Responsabilidad Social Empresaria (RSE). Y quien lo hizo posible fue Tom Monaghan.
Después de convertirse al catolicismo tras la lectura de “Mero cristianismo” de C.S. Lewis (el conocido autor inglés de Crónicas de Narnia y otras), este empresario quiso usar su dinero para “llevar a tantas almas como pueda al Cielo”. Por ello, invirtió su fortuna en construir una gran iglesia que sería el centro de esta nueva comunidad. Su idea era construir una ciudad católica: Ave María.

Esta gran obra en el condado de Collier, Florida, no se levantó sobre la especulación financiera, sino sobre la decisión de un hombre de devolver a la sociedad, aportando a su desarrollo no sólo intelectual, sino espiritual.
Monaghan, mundialmente conocido por fundar el imperio Domino’s Pizza, protagonizó en 1998 un hito que redefiniría el concepto de filantropía moderna: vendió el 93% de sus acciones a la firma Bain Capital por una cifra cercana a los 1.000 millones de dólares.

Sin embargo, en lugar de retirarse a una vida de opulencia, inició una tarea titánica en favor del prójimo con su fortuna personal. Para Monaghan, los bienes terrenales cobraron un nuevo significado bajo el prisma de su profunda fe católica: se convirtieron en herramientas para servir al prójimo.
Con una donación inicial de 250 millones de dólares, y en alianza estratégica con Barron Collier Companies —quienes aportaron los terrenos—, Monaghan impulsó la fundación de la Universidad católica Ave María y el diseño de una ciudad planificada desde cero a su alrededor.
Un sueño hecho realidad
Lo que en su momento fue catalogado por algunos como una apuesta arriesgada, hoy, luego de casi 30 años, es una realidad vibrante. El proyecto ha plasmado la máxima cristiana de ayuda al prójimo y educación integral en un entorno comunitario ejemplar.
Con el imponente Oratorio de Ave María como centro urbanístico y espiritual, y calles con nombres religiosos, la localidad y su universidad se erigen como un faro de valores humanos y académicos que trascienden las aulas.

La obra de Tom Monaghan va mucho más allá de la RSE convencional; representa un compromiso ético y personal con las futuras generaciones. Al desprenderse de su imperio para construir una ciudad y una institución de excelencia, Monaghan no solo se engrandece como persona, sino que es un ejemplo de liderazgo para los jóvenes, demostrando que el éxito empresarial solo alcanza su verdadera plenitud cuando se traduce en un bien para la comunidad.
Al final del día, para este empresario, la meta nunca fue consolidar un imperio terrenal, sino asegurar un legado de fé y acción que trascienda el tiempo. En sus propias palabras y acciones, su verdadera inversión siempre estuvo orientada a alcanzar la meta definitiva de todo católico: ganar el Cielo, compartiendo el camino con los demás.

