Mientras Washington apura avances concretos en la transición política venezolana, Rusia reconoció públicamente que conoce la identidad de los funcionarios que entregaron a Nicolás Maduro. El escenario poschavista se mueve entre la presión internacional, las fisuras internas del régimen y un proceso de cambio que Estados Unidos advierte que no será indefinido.
Rubio ante el Senado: plazos claros y advertencias abiertas
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó ante el Senado que la transición política en Venezuela no puede prolongarse sin límites y que la administración de Donald Trump espera resultados visibles en los próximos meses. Las declaraciones se produjeron durante una audiencia destinada a explicar la estrategia posterior a la operación del 3 de enero, que culminó con la captura del ex mandatario Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, ambos requeridos por la Justicia estadounidense por delitos vinculados al narcotráfico.
Rubio descartó planes inmediatos de una intervención militar sostenida, pero dejó en claro que Washington mantiene abiertas todas las opciones ante eventuales amenazas directas. “Les puedo asegurar con total certeza que no estamos preparando ni esperamos tener que tomar ninguna acción militar en Venezuela”, sostuvo. Sin embargo, aclaró que el presidente conserva la facultad de actuar si la seguridad estadounidense se ve comprometida, advirtió.
La operación del 3 de enero: arrestos judiciales, no una invasión
El jefe de la diplomacia estadounidense defendió la legalidad de la operación que puso fin al gobierno de Maduro, rechazando que se tratara de una invasión o de una ocupación extranjera. Según explicó, fue una acción puntual orientada a detener a dos personas buscadas por la Justicia de Estados Unidos.
“No fue la ocupación de un país, sino una operación para arrestar a individuos con causas abiertas por narcotráfico”, afirmó Rubio, quien agregó que la presencia militar actual en Venezuela se limita a infantes de Marina encargados de la seguridad de la embajada estadounidense.
“La transición no puede durar para siempre”
Durante su exposición, Rubio comparó el proceso venezolano con transiciones democráticas históricas como las de España y Paraguay, donde el desmontaje de regímenes autoritarios llevó tiempo, pero tuvo plazos razonables. “No puedo dar una fecha exacta, pero la transición no puede durar para siempre”, insistió.
Según el secretario de Estado, en un lapso de entre tres y cinco meses deberían observarse avances sustanciales en comparación con la situación actual, tanto en materia institucional como en el camino hacia elecciones libres.
Moscú admite traiciones internas al chavismo
En paralelo a las definiciones de Washington, desde Moscú llegó una confirmación clave sobre el derrumbe del régimen chavista. El embajador ruso en Venezuela, Serguéi Melik-Bagdasarov, reconoció que la captura de Maduro fue posible gracias a la colaboración de funcionarios de su propio entorno con la inteligencia estadounidense.
En una entrevista con el canal estatal Rossiya-24, el diplomático describió un escenario de deslealtades, negligencia y quiebre de la cadena de mando que facilitó la operación “Resolución Absoluta”. Según explicó, no se trató de una traición aislada, sino de un proceso prolongado de infiltración.
“Si lo que ocurrió aquí puede calificarse como traición, naturalmente lo fue”, afirmó. En uno de los pasajes más reveladores, Melik-Bagdasarov aseguró que Rusia conoce los nombres de los funcionarios chavistas que colaboraron activamente con Washington y que abandonaron Venezuela tras la captura de Maduro.
Reformas económicas en medio de la transición
Mientras el tablero político se reconfigura, la Asamblea Nacional venezolana —aún controlada por el chavismo— aprobó en primera discusión una profunda reforma de la Ley de Hidrocarburos. El proyecto introduce una apertura significativa a la inversión privada y reduce el rol obligatorio de PDVSA en los emprendimientos energéticos.
La iniciativa se da en un contexto excepcional, marcado por la caída del régimen de Maduro y por el rápido acercamiento diplomático y energético entre Caracas y Washington, impulsado por la administración Trump.
La pregunta central: elecciones libres y sin miedos
Más allá de las presiones internacionales y de las reformas en marcha, la cuestión central sigue siendo si el pueblo venezolano podrá elegir libremente a sus autoridades. Sin la amenaza, el miedo y la estructura coercitiva del chavismo, todavía presente en amplios sectores del poder.
Ese es el desafío decisivo de la transición: que la salida del autoritarismo no sea solo un cambio de nombres, sino el inicio real de una Venezuela democrática, soberana y libre. Porque, al final, lo único que importa es que los venezolanos puedan decidir su futuro sin la bota de la dictadura ni de ningún otro país.
