El Super Bowl del domingo pasado, la final del fútbol americano en los Estados Unidos, volvió a confirmar por qué es uno de los eventos deportivos y televisivos más importantes del mundo. Junto con el básquetbol, el fútbol americano es el deporte más popular del país y convoca a cientos de millones de espectadores, convirtiendo su transmisión en una de las audiencias más multitudinarias del planeta.
Como ocurre cada año, el partido fue acompañado por el ya tradicional espectáculo del entretiempo, pensado para entretener al público presente en el estadio y a los millones de televidentes que siguen el evento desde distintos rincones del mundo. Sin embargo, lejos de ofrecer una propuesta artística de calidad o acorde a un evento familiar, el show de este año dejó mucho que desear.
Un show fuera de contexto
El encargado del espectáculo fue el cantante puertorriqueño conocido como Bad Bunny, cuyo nombre artístico —“conejo malo”, en inglés— anticipó el contenido de su presentación. Con un repertorio basado en un reguetón hipersexualizado, el artista ofreció un show cargado de gestos obscenos, letras de contenido sexual y una puesta en escena que rozó lo pornográfico, cerrando la puesta con un mensaje político.
Lejos de entretener, el espectáculo pareció buscar la provocación constante, apelando a la exaltación de los instintos más básicos. El manoseo explícito de genitales, sumado a una coreografía protagonizada por un grupo de mujeres presentadas como simples objeto, terminó de configurar un cuadro desagradable y no apto para menores.
Un mensaje inapropiado para millones de espectadores
El Super Bowl no es un recital nocturno ni un espacio marginal: es un espectáculo televisado que reúne a familias enteras, incluidos niños y adolescentes. En ese contexto, el show del entretiempo resultó claramente inapropiado para menores, con gestos y frases soeces en las pantallas gigantes, que repetían el confuso vocabulario del “artista”.
Pero el problema no se limita únicamente al contenido explícito. El mensaje que se transmite hacia el público estadounidense y al resto del mundo es igualmente preocupante: una caricatura burda y degradante de lo que supuestamente representan los “latinos”, como ellos llaman al hispano, muy lejos de eso que vende el conejito malo.
Una imagen distorsionada de la cultura hispana
El espectáculo pareció reforzar estereotipos negativos, presentando a los hispanoamericanos como seres dominados por impulsos primarios, carentes de profundidad cultural y entregados a una sexualidad desbordada. Esta imagen no solo es injusta, sino profundamente ofensiva para una cultura rica en historia, tradiciones, música y expresiones artísticas de enorme valor.
Reducir el mundo hispano a un show vulgar y de mal gusto no solo empobrece el evento, sino que también deforma la percepción de millones de personas sobre una comunidad diversa y compleja.
Un espectáculo vulgar vendido como histórico por la prensa
Por supuesto, en los medios progresistas, el entretiempo “histórico” fue casi un canto a la unidad de américa sintetizado en la música “latina”. La moral?, la música?, la belleza?. Bien, gracias.
El padre Javier Olivera Ravassi publica un video imperdible en su canal “Que no te la cuenten”, donde dá su opinión y alerta a los padres de familia, en particular.
Mirá el video aquí:
(441) La “MÚSICA LATINA”, Peter Capusotto y Bad Bunny. Cuando nos quieren SIMIOS – YouTube
