Cualquiera que haya intentado tomar la línea 118 (o cualquier otra) un martes a las dos de la tarde, con 40 grados de térmica y el asfalto derritiéndose, sabe que el sistema de transporte público en Tucumán no solo está en crisis: está en estado de abandono casi total. Mientras el mundo avanza hacia la eficiencia, nosotros seguimos apostando a gigantes de metal que circulan vacíos, sucios en su mayoría y sin aire acondicionado casi todos. ¿Es hora de apagar el motor del ómnibus y darle paso al sistema de minibuses y traffics?
El elefante en la calle (y el asfalto destrozado)
El modelo actual es anacrónico y físicamente insostenible. Un ómnibus tradicional, por su peso y dimensiones, degrada el asfalto hasta cinco veces más rápido que un vehículo mediano. Esto genera un círculo vicioso: se invierten fortunas en bacheo y pavimentación que duran apenas meses porque el paso constante de estos gigantes genera deformaciones y roturas. Al final, todos los tucumanos que circulan en auto o moto terminan pagando las consecuencias con trenes delanteros rotos y avenidas intransitables.
A esto se le suma la contaminación auditiva. Quien vive en una calle por la que pasa una línea de colectivo sabe lo que es no poder mantener una charla o ver tele sin el estruendo de un motor diésel y los frenos chillando a cada tanto. El “bondi” es un vecino ruidoso y molesto que ya no aporta soluciones.
El modelo Munibús: Agilidad sobre tamaño
No hay que irse muy lejos para ver que el cambio es posible. En Yerba Buena, el “Munibús” demostró que un formato más compacto se adapta mejor a la trama urbana y a las necesidades reales de los vecinos. Y de hecho, en Tucumán hubo un sistema de minibuses (el “diferencial”, que costaba un 20% más que el boleto común, pero que ofrecía un viaje sentado y con aire acondicionado, y sólo paraba si había asientos disponibles. Duró unos años y aún muchos tucumanos se preguntan porqué se lo sacó. ¿Altos costos? Lo cierto es que hoy, en CABA, el sistema de combis conecta puntos estratégicos con una agilidad que el colectivo perdió hace décadas.
Y en Tucumán, la alternativa minibús sería algo que, desde el sector empresarial permitiría paliar la caída de venta de boletos del colectivo tradicional, seguramente, en manos de las aplicaciones como Uber, un servicio que incluso con viaje compartido, pasa a ser opción para muchos trabajadores. El minibús, como funciona el Yerba Buena, es un servicio que el vecino ha aprobado; y seguramente los capitalinos pagarían con gusto. Mucho más, como dijimos, en el tórrido verano tucumano, que dura casi 5 meses…
¿Por qué el formato traffic/minibús es el futuro?
* Frecuencia y velocidad: Al ser vehículos pequeños, se llenan rápido y fluyen por el caos del microcentro sin quedar atrapados como ballenas en una pecera.
* Climatización real: Mantener un colectivo de 12 metros a 24°C en nuestro verano es una batalla perdida. En un minibús, el aire acondicionado funciona en serio.
* Higiene y trato: El formato de transporte diferencial fomenta un mejor cuidado de las unidades y un trato más humano, lejos de la hostilidad del hacinamiento actual.
La respuesta al fenómeno Uber
La aparición de Uber (auto y moto) no es una casualidad; es la respuesta del mercado a un servicio estatalmente protegido pero operativamente deficiente. El usuario joven valora su tiempo y su integridad. Si el sistema de transporte público no ofrece limpieza y seguridad, la gente seguirá migrando a las apps, dejando a los colectivos transportando aire y pidiendo más subsidios.
“No podemos seguir subsidiando un sistema del siglo XX para ciudadanos que ya viven la movilidad del siglo XXI”.
Menos es más
La transición no es solo un capricho estético; es una necesidad económica y ambiental. Un sistema basado en munibuses reduciría drásticamente el gasto en reparación de calles, bajaría los niveles de ruido en los barrios y devolvería la dignidad al pasajero.
Tucumán tiene la oportunidad de liderar un cambio de paradigma. La comodidad no debería ser un lujo para el tucumano que va a laburar o estudiar; debería ser el estándar mínimo. Si el ómnibus ya no puede cumplir, es momento de dejar que se retire y abrirle paso a una ciudad más silenciosa, sana y ágil. Y con servicios eficientes.
