La Iglesia y Convento de San Francisco, ubicada en San Miguel de Tucumán, es uno de los monumentos históricos más emblemáticos de la Argentina por su estrecha relación con el proceso de la Independencia Nacional. Actualmente, el histórico templo atraviesa una nueva etapa de refacciones que permitirían su reapertura el próximo 9 de julio, coincidiendo con un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia.
Un templo ligado a la historia de la Independencia
El conjunto franciscano ocupa un lugar central en la historia argentina. Durante el Congreso de Tucumán de 1816, el convento funcionó como alojamiento para muchos de los diputados que firmaron el Acta de la Independencia el 9 de julio de ese año.
El templo también conserva diversos objetos y elementos vinculados a ese período histórico, lo que refuerza su valor simbólico como parte del patrimonio de la llamada “tierra de la independencia”. Además, la orden franciscana tuvo una destacada participación en la vida social, religiosa y cultural de aquella época. Y sí, penosamente, hace unos años, el último fraile dejó Tucumán, y la orden no tiene sacerdotes para continuar atendiendo a fieles en la provincia, por lo que ya hace años el templo permanece cerrado.
Debido a su importancia arquitectónica e histórica, la Iglesia y el Convento de San Francisco fueron declarados Monumento Histórico Nacional en 1964, reconocimiento que destaca su valor dentro del patrimonio cultural argentino.

Obras para recuperar un edificio emblemático
En la actualidad, el edificio se encuentra en una nueva etapa de restauración centrada principalmente en el interior del templo (se comenzaron hace un año la restauración de la fachada). Estas obras forman parte de un plan de recuperación que busca devolverle su esplendor y permitir su reapertura al público.
Los trabajos cuentan con un presupuesto estimado en 200 millones de pesos, financiados íntegramente por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Según el informe técnico elaborado por el estudio Arévalo-Pagani, no se detectaron daños estructurales graves, aunque sí se identificaron numerosas grietas y fisuras que requieren reparación.
Como medida preventiva, se instalaron mallas de seguridad en distintos sectores de la nave principal para evitar riesgos ante posibles desprendimientos. Se estima que las obras demandarán aproximadamente tres meses de trabajo y ya cuentan con una empresa adjudicataria, lo que genera expectativas de que los plazos puedan cumplirse.
Un proceso de reapertura esperado por la comunidad
La posible reapertura del templo genera gran expectativa entre los fieles tucumanos, especialmente por la fuerte devoción a San Francisco que existe en la provincia.
La arquitecta Olga Paterlini, integrante de la comisión encargada del proyecto, destacó que la reapertura del templo es uno de los pedidos más reiterados por la comunidad. No obstante, señaló que el regreso de las actividades podría ser gradual y con horarios inicialmente reducidos.

Nuevas intervenciones en el complejo franciscano
Además de la restauración del interior de la iglesia, el plan de obras incluye intervenciones en otros sectores de la manzana franciscana, ubicada en la intersección de las calles 25 de Mayo y San Martín.
Entre los trabajos previstos se encuentran la refacción de la cara oeste del campanario, la reparación de la cubierta exterior y de la cúpula, sectores que no habían sido intervenidos en etapas anteriores.
También se evalúa una obra urgente en la Capilla del Santísimo, cuyo techo presenta daños provocados por la caída de frutos de un árbol cercano, lo que requiere una pronta intervención para evitar mayores deterioros.
El debate sobre el futuro del convento
En paralelo a las obras, continúa el debate sobre el uso futuro del claustro del convento, uno de los espacios más valiosos del conjunto histórico. Entre las alternativas que se analizan figura su posible transformación en un centro cultural o de convenciones, aunque la decisión final corresponde a la orden franciscana.
Desde este medio católico, y en escucha de muchas voces tucumanas, bregamos porque el Convento conserve su identidad histórica y religiosa, evitando transformaciones que puedan desvirtuar su valor original, transformándolo en un “centro cultural-comercial”, como se hizo en otras provincias.

Y así como la feligresía tucumana espera ansiosa que el Arzobispado de Tucumán pueda retomar las misas que durante generaciones formaron parte de la vida espiritual de la comunidad en San Francisco, esperan que el convento se convierta en un espacio histórico y religioso, que pueda funcionar como lugar de visita y museo, recordando el aporte fundamental de la Iglesia Católica y de los religiosos franciscanos en la construcción social y moral de la Nación y en el proceso de la Independencia argentina.
La recuperación de este edificio histórico representa, así, una noticia alentadora para Tucumán y para todos aquellos que valoran el patrimonio histórico, religioso y cultural del país.
