Papa León XIV: “Jesús es la buena noticia que hay que anunciar en el mundo”
El Papa León XIV ha centrado su mensaje del Regina Caeli de este Lunes del Ángel en una cuestión decisiva: la elección entre la verdad de la Resurrección y su negación interesada, una tensión que —advirtió— sigue presente en el mundo actual.
Desde la ventana del Palacio Apostólico Vaticano, ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice proclamó el saludo pascual y recordó que la victoria de Cristo sobre la muerte no es un hecho aislado del pasado, sino el acontecimiento que da sentido a toda la historia humana. Así lo recoge el comunicado difundido por la Santa Sede.
A continuación, el texto completo de las palabras pronunciadas por el Papa León XIV en el Regina Caeli de este 6 de abril de 2026:
“Queridos hermanos y hermanas, ¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz Pascua!
Este saludo, lleno de asombro y de alegría, nos acompañará toda la semana. Al celebrar el día nuevo que el Señor ha hecho para nosotros, la liturgia celebra el ingreso de toda la creación en el tiempo de la salvación; la desesperación de la muerte es removida para siempre, en el nombre de Jesús.
El Evangelio de hoy (Mt 28, 8-15) nos pide elegir entre dos relatos: el de las mujeres, que han encontrado al Resucitado (vv. 9-11), o el de los guardias, que han sido sobornados por los jefes del sanedrín (vv. 11-14). Las primeras anuncian la victoria de Cristo sobre la muerte; los segundos anuncian que la muerte vence siempre y en todo caso. En su versión, Jesús no ha resucitado, sino que su cadáver ha sido robado. De un mismo hecho, el sepulcro vacío, brotan dos interpretaciones: una es fuente de vida nueva y eterna, la otra de muerte cierta y definitiva.
Este contraste nos hace reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano y sobre la honestidad de la comunicación humana. A menudo, el relato de la verdad es oscurecido por fake news —como se dice hoy—, es decir, por mentiras, alusiones y acusaciones sin fundamento. No obstante, frente a tales obstáculos, la verdad no permanece oculta, al contrario, viene a nuestro encuentro, viva y radiante, iluminando las tinieblas más densas. Tal como a las mujeres que fueron al sepulcro, Jesús también hoy a nosotros nos dice: «No teman. Vayan a anunciar» (v. 10). Jesús mismo se convierte así en la buena noticia que hay que testimoniar en el mundo: la Pascua del Señor es nuestra Pascua —la Pascua de la humanidad— porque este hombre, que ha muerto por nosotros, es el Hijo de Dios, que por nosotros ha dado su vida. Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro.
Queridos amigos, ¡cuán importante es que este Evangelio llegue sobre todo a quienes están oprimidos por la maldad, que corrompe la historia y confunde las conciencias! Pienso en los pueblos atormentados por la guerra, en los cristianos perseguidos por su fe, en los niños privados de la educación. Anunciar con palabras y obras la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza, que de otro modo sería sofocada en manos de los violentos. Cuando es proclamada en el mundo, la Buena Nueva disipa toda sombra, en cada época.
Con particular afecto, a la luz del Resucitado, recordamos hoy al Papa Francisco, que precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor. Al recordar su gran testimonio de fe y de amor, recemos juntos a la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que podamos convertirnos en anunciadores cada vez más luminosos de la verdad.”
