Termina una semana cargada de tensiones políticas, episodios de violencia dentro y fuera del Congreso de la Nación Argentina y un clima de crispación que parece haberse instalado como rutina. En ese escenario, los argentinos de a pie observan desde la tevé cómo se enfrentan dirigentes, se cruzan acusaciones y se elevan los tonos en el recinto, mientras intentan responder una pregunta mucho más concreta: ¿cómo arranca el año para sus familias?
Lejos de las discusiones airadas entre diputadas, de los forcejeos verbales y de los sindicalistas que celebran un paro como victoria política, miles de trabajadores contabilizan un día menos de ingresos y más incertidumbre en sus hogares. La distancia entre la agenda política y las preocupaciones cotidianas se vuelve cada vez más evidente.
Mercado en alza, bolsillo en duda
En paralelo a la agitación institucional, la semana financiera —aunque más corta— dejó señales que el oficialismo considera alentadoras. Las acciones repuntaron y el dólar oficial profundizó su caída. En términos macroeconómicos, son indicadores que invitan al optimismo.
Sin embargo, la pregunta persiste: ¿se traduce esa mejora en alivio para el bolsillo familiar? La estabilidad cambiaria puede ser una buena noticia, pero aún no impacta con claridad en el precio de los alimentos, el alquiler o los útiles escolares.
En ese contexto, la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Modernización Laboral el jueves 19, aunque con la eliminación del polémico artículo 44 sobre licencias por enfermedad. El proyecto deberá regresar al Senado para su sanción definitiva. Para el oficialismo, se trata de un triunfo político y de una señal hacia los mercados: avanzar en reformas estructurales para generar previsibilidad.
Reforma laboral y empleo formal
El Gobierno apuesta a que la reforma laboral sea una herramienta para frenar la caída del empleo registrado y estimular la contratación. La intención es clara: crear condiciones para un repunte económico sostenido.
No obstante, incluso dentro del propio oficialismo se reconoce que la reforma, por sí sola, no alcanzará. La recuperación del salario real y la reactivación del consumo siguen siendo asignaturas pendientes. Sin una mejora tangible en los ingresos, cualquier avance macro corre el riesgo de no percibirse en la vida cotidiana. Y como vemos, el mercado no “se regula solo”…
A mediano plazo, otro interrogante es si los llamados “dólares del colchón” comenzarán efectivamente a circular, impulsando consumo e inversión. Ese factor podría dinamizar la economía, aunque dependerá de la confianza que logre consolidarse.
Factores externos y tensiones globales
El escenario internacional también influye. En un mundo donde Donald Trump puede anunciar subas arancelarias del 10% de un día para el otro -como lo hizo- las decisiones de política económica pueden ser alteradas también por las condiciones internacionales, golpeando la economía doméstica. Precios de commodities, tasas de interés y tensiones geopolíticas son variables que los inversores observan con atención.
Argentina intenta, en ese marco, consolidar un proceso de cambio que no solo logre frenar la inflación de manera definitiva, sino también recuperar empleo y mejorar salarios. La oposición, mientras tanto, convierte estas dificultades en eje de su discurso.
Dentro del peronismo, las disputas internas son evidentes. El gobernador Axel Kicillof busca posicionarse como referente de un espacio en redefinición, mientras actores de La Cámpora resisten perder su influencia. Las internas no solo son ideológicas, sino de poder territorial y estructura política -léase intendencias y puestos en la administración pública de provincias- que a la hora de una elección influyen en el armado.
Entre la calle y el hogar
La gran incógnita es si el Gobierno, con respaldo parlamentario y control de la fuerza pública para garantizar el orden, y podrá ofrecer respuestas concretas a las demandas sociales. La ciudadanía ya experimentó el impacto de un paro inútil que les generó sólo pérdidas económicas.
Mientras tanto, las preocupaciones reales siguen siendo otras: el inicio del ciclo lectivo, el costo del supermercado, el pago del alquiler, las tarifas y el empleo. Temas que raramente ocupan el centro del espectáculo mediático, dominado por gritos, cortes de cables y escándalos en el recinto.
La montaña rusa argentina
Entre datos macroeconómicos alentadores, un Congreso “cambalache” y bolsillos flacos, la sensación dominante es la de estar subidos a una montaña rusa. Hay señales positivas, pero también persistente fragilidad social.
La duda de fondo permanece: ¿será posible bajar el nivel de confrontación y buscar acuerdos mínimos orientados al bien común? Para la mayoría de los argentinos, la prioridad no está en la disputa política sino en recuperar estabilidad, previsibilidad y oportunidades para mejorar la vida de sus familias. Dios nos ayude a salir del círculo vicioso que nos tiene postrados hace décadas.
