Pruebas Aprender 2025: avances en el aprendizaje y el persistente desafío de la desigualdad
Los resultados de las Pruebas Aprender 2025 ofrecen una noticia alentadora para la educación argentina. Después de varios años de estancamiento, el desempeño de los alumnos de sexto grado de primaria muestra una recuperación que merece ser reconocida. Sin embargo, detrás de esa mejora aparece una realidad mucho más compleja: el sistema educativo continúa exhibiendo profundas desigualdades y enormes dificultades para garantizar aprendizajes de calidad a todos los estudiantes, cualquiera sea el lugar donde vivan.
A nivel nacional, el porcentaje de alumnos que alcanzó niveles satisfactorios o avanzados en Lengua pasó del 66,4 % en 2023 al 76,9 % en 2025, un crecimiento de 10,5 puntos porcentuales. En Matemática la evolución fue más modesta, aunque igualmente positiva: el rendimiento aumentó 3,5 puntos hasta llegar al 55 %.
Los datos permiten afirmar que el sistema educativo argentino ha comenzado a recuperarse. Sin embargo, cuando se profundiza el análisis aparecen interrogantes que obligan a mirar más allá de los promedios nacionales.
El Índice de Resultados Escolares (IRE), incorporado en esta edición de Aprender, constituye probablemente el indicador más revelador del informe. No alcanza con que un alumno permanezca en la escuela; el verdadero objetivo es que complete su trayectoria en la edad prevista y con los aprendizajes esenciales efectivamente adquiridos. Bajo ese criterio, mientras el 94 % de los estudiantes finaliza la primaria en el tiempo teórico esperado, apenas el 45 % logra hacerlo «en tiempo y forma», es decir, alcanzando simultáneamente desempeños satisfactorios en Lengua y Matemática.
La diferencia entre permanencia y aprendizaje constituye una de las principales alertas del sistema educativo argentino.
A esta realidad se agregan desigualdades que atraviesan todo el país. La condición socioeconómica continúa siendo uno de los factores que más inciden sobre los resultados. Mientras el 89 % de los alumnos pertenecientes a los sectores de mayor nivel socioeconómico obtiene desempeños satisfactorios en Lengua, ese porcentaje desciende al 67 % entre los estudiantes de menores recursos. También persiste una marcada diferencia entre escuelas de gestión privada y estatal: en Lengua alcanzan niveles satisfactorios el 90,2 % de los alumnos del sector privado frente al 72 % de quienes asisten a establecimientos estatales.
Estos contrastes muestran que el desafío educativo argentino ya no consiste únicamente en ampliar el acceso a la escuela, sino en garantizar que todos los niños aprendan con independencia de su condición social o del establecimiento al que concurren.
Cuando la mirada se traslada al Noroeste Argentino, Tucumán aparece en una posición que invita a la preocupación. La provincia supera a algunas jurisdicciones vecinas, pero permanece claramente por detrás de Jujuy y Salta y continúa ubicándose entre los desempeños más bajos del país.
El Índice de Resultados Escolares sintetiza con claridad esta situación. Jujuy lidera la región con un 45 %, igualando el promedio nacional. Salta alcanza el 41 %, mientras Tucumán registra apenas un 38 %. Catamarca y Santiago del Estero cierran la tabla regional con un 34 %.
El análisis por áreas confirma el diagnóstico. En Lengua, Tucumán obtiene un 68,9 % de estudiantes en niveles satisfactorios o avanzados. Aunque supera levemente a Santiago del Estero, ambas provincias permanecen muy alejadas de los mejores desempeños nacionales, encabezados por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Córdoba.
La situación resulta aún más delicada en Matemática. Con apenas un 44,7 % de alumnos en niveles satisfactorios, Tucumán figura entre las provincias con peores resultados del país, superando únicamente a Chaco.
Paradójicamente, allí donde aparecen mejores noticias es en la trayectoria escolar. El 96 % de los alumnos tucumanos completa la educación primaria en la edad esperada, porcentaje que solo es superado por Jujuy, que alcanza el 100 %. El problema, por lo tanto, no parece radicar en la permanencia de los estudiantes dentro del sistema, sino en la capacidad del propio sistema para convertir ese tiempo escolar en aprendizajes efectivos.
Pero el promedio provincial tampoco cuenta toda la historia.
Cuando el análisis desciende al nivel departamental aparece una geografía educativa profundamente desigual. Trancas alcanza un Índice de Resultados Escolares del 46 %, superando incluso el promedio nacional. En el extremo opuesto, Cruz Alta registra apenas un 29 %, convirtiéndose en el departamento con mayores dificultades de la provincia. Capital obtiene un 41 %, mientras Río Chico reproduce prácticamente el promedio provincial con un 38 %.
La distancia entre Trancas y Cruz Alta no puede atribuirse únicamente a diferencias socioeconómicas. Lo que muestran estos datos es que un mismo diseño institucional produce resultados profundamente distintos según el territorio en el que se aplica.
La experiencia de otras provincias refuerza esta conclusión. Catamarca, por ejemplo, logró entre 2023 y 2025 uno de los mayores avances del país, con un incremento de 13,5 puntos porcentuales en Lengua y 6,2 puntos en Matemática. La mejora demuestra que es posible modificar trayectorias educativas en plazos relativamente breves cuando las políticas logran responder con eficacia a los problemas concretos.
Frente a este escenario, resulta legítimo preguntarse si el modelo altamente centralizado que caracteriza al sistema educativo argentino ha llegado al límite de su capacidad para responder a realidades tan diversas.
Cuando desde un único centro administrativo se pretende diseñar las mismas soluciones para comunidades profundamente diferentes, el riesgo es terminar administrando la desigualdad en lugar de corregirla. La uniformidad organizativa puede transmitir una apariencia de igualdad, pero los resultados muestran que no necesariamente produce equidad.
Los datos de Aprender parecen sugerir que ha llegado el momento de revisar este paradigma.
Ello supone recuperar el protagonismo de quienes históricamente han sido los verdaderos actores de la educación: las familias, las comunidades locales, los docentes y las propias escuelas. El Estado conserva una función insustituible como garante del derecho a la educación, pero ello no implica que deba concentrar cada decisión pedagógica, administrativa o institucional.
El principio de subsidiariedad ofrece aquí una perspectiva especialmente fecunda. Allí donde las comunidades educativas poseen mayor capacidad para decidir, gestionar recursos y adaptar sus proyectos pedagógicos a las necesidades de sus alumnos, aumentan las posibilidades de construir respuestas eficaces y sostenibles.
Ello exige avanzar hacia mayores niveles de autonomía institucional, fortalecer el liderazgo de los equipos directivos, descentralizar gradualmente la gestión de recursos y abrir espacios reales de participación para las familias. Del mismo modo, resulta indispensable promover una cultura de evaluación y transparencia que permita conocer qué escuelas logran mejores resultados y por qué razones.
Pero ninguna reforma será suficiente si pierde de vista el verdadero sentido de la educación. Educar no consiste únicamente en transmitir contenidos ni en mejorar indicadores estadísticos. Significa formar personas libres, responsables y capaces de desarrollar plenamente todas las dimensiones de su humanidad: intelectual, moral, social y espiritual.
Las Pruebas Aprender 2025 no constituyen una sentencia sobre el futuro de Tucumán. Constituyen, más bien, una oportunidad para replantear el rumbo. Los datos muestran que nuestros niños permanecen en la escuela; ahora el desafío consiste en garantizar que ese tiempo escolar se transforme efectivamente en aprendizaje, cultura y desarrollo humano.
La verdadera igualdad no consiste en administrar desde un mismo escritorio escuelas profundamente diferentes, sino en ofrecer a cada comunidad educativa la libertad, la responsabilidad y los recursos necesarios para alcanzar la excelencia.
Solo cuando seamos capaces de confiar nuevamente en las familias, en los docentes y en las propias instituciones educativas podremos dejar atrás la lógica de la uniformidad para construir un sistema que haga posible que cada niño tucumano, cualquiera sea el lugar donde haya nacido, encuentre en la escuela un auténtico camino hacia su realización personal y el bien común.
Autor: Pablo Berarducci
