Las cámaras revelaron que llevaba un crucifijo sujeto a su silbato.
En la semifinal del Mundial disputada este lunes entre España y Francia, un detalle mínimo, casi imperceptible, captó la atención de miles de aficionados atentos a cada movimiento del árbitro.
Mientras el salvadoreño Iván Barton, de 35 años, dirigía uno de los partidos más vistos del torneo, las cámaras revelaron que llevaba un crucifijo sujeto a su silbato, acompañándolo durante los noventa minutos del encuentro.
La imagen se viralizó rápidamente: en medio de la tensión, la presión y el escrutinio global, un pequeño crucifijo permanecía junto al instrumento que señala faltas, decisiones y momentos decisivos. No hubo discursos, ni gestos ostentosos, ni declaraciones posteriores. Solo un símbolo silencioso, visible para quien quisiera verlo.

El crucifijo del árbitro salvadoreño
Barton, designado por la FIFA para dirigir una de las semifinales del Mundial, continúa consolidándose como uno de los árbitros más respetados del panorama internacional. Ya participó en la Copa del Mundo de Catar 2022, donde su actuación fue ampliamente valorada, y su presencia en esta fase del torneo confirma la confianza que el organismo deposita en él.
Su estilo arbitral, firme y sereno, ha sido destacado en varias competiciones. Pero esta vez, lo que llamó la atención no fue una decisión polémica ni una tarjeta discutida, sino un objeto personal que acompañó cada una de sus intervenciones.
En un deporte donde cada detalle se analiza al milímetro, el crucifijo de Barton abrió muchas conversaciones. Para algunos, fue una simple muestra de devoción personal; para otros, un recordatorio de que la fe puede vivirse con naturalidad incluso en los escenarios más expuestos del mundo.
Fuente. Religión en Libertad
