Brujería moderna: Wicca y una práctica peligrosa que la Iglesia siempre condenó
La wicca y otras expresiones de moda, vinculadas al ocultismo y la hechicería suelen presentarse como prácticas relacionadas con la naturaleza, la energía y el bienestar. Sin embargo, la Iglesia Católica advierte que recurrir a la magia, la adivinación o poderes ocultos es incompatible con la fe cristiana. Y conlleva serios peligros.
Una “espiritualidad” que parece inofensiva
En las últimas décadas, distintas formas de brujería moderna como la wicca han ganado visibilidad. Sus prácticas pueden incluir rituales relacionados con los ciclos de la naturaleza, la meditación, los elementos, los astros o determinadas formas de magia. Y también seres espirituales que no se vinculan al Dios de los cristianos (si, lo adivinaste ya, ¿o no?). Y les llaman “potencias ocultas”.
Para quienes las practican, muchas de estas actividades son presentadas como orientadas al equilibrio personal y sin intención de causar daño a otras personas. Pero en verdad, todas estas prácticas buscan tener un poder sobrenatural sobre cosas, situaciones o terceros.
Porque no se trata solamente de cuál sea la intención, sino su naturaleza y del origen del poder al que se recurre.

Magia celta, brujería inocente y Círculo Wicca. Moda peligrosa
Lo que nos enseña el Catecismo
El Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 2117, es explícito al referirse a estas prácticas: “Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar las potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo, aunque sea para procurar la salud, son gravemente contrarias a la virtud de la religión”.
La advertencia alcanza también a la adivinación, la astrología y el recurso a médiums, mencionados en el número 2116. Para la enseñanza católica, estas prácticas implican buscar un conocimiento o un poder sobrenatural por caminos distintos de la confianza en Dios.
Una puerta que no conviene nunca abrir
Desde la fe cristiana, el problema no desaparece porque una práctica tenga una finalidad aparentemente positiva. La pregunta fundamental es a quién o a qué se está recurriendo para obtener aquello que se busca.
La Iglesia invita así a los creyentes a no considerar ingenuamente el ocultismo como un simple juego, entretenimiento o herramienta de bienestar. Quien invoca a espíritus no está jugando. Y no sabe si esa puerta que abre siempre se cierra…

Detrás de esas prácticas hay un atajo viejo: poder sin Dios. ¿Te suena?
Detrás de estas prácticas que se venden como inofensivas, como una “moda” (y en el listado entran también los rituales como la Pachamama, el “entierro del diablo”, la ouija, las consultas a chamanes o el juego de invocar a espíritus de personas fallecidas; la Iglesia propone detenerse y reflexionar: ¿se trata de una práctica inofensiva o es una búsqueda de poder sobrenatural fuera de Dios? Lo primero no es, obviamente. Pero muchos no lo saben aún.
Lo que sí se verifica, y nos dá una respuesta contundente es que aquellos catolicos que se iniciaron en estos “rituales” terminan alejándose de las prácticas piadosas, la Santa Misa y finalmente, la fé.
Para la fe católica, la respuesta determina una frontera que no debería tomarse a la ligera. Arriesgar el alma por una promesa o una ilusión de bienestar, diversión o poder puede llevar al que la realiza a posesiones demoníacas que no siempre son como nos las muestra el cine de Hollywood. Son peores, porque son reales.

Imagen de la película El Exorcista
“El diablo sabe más por viejo que por diablo”, dice el dicho. Y es verdad. Y su mayor victoria es haber logrado que la Humanidad crea que no existe.
Un santo, que sabía mucho del tema, nos dice: “Siendo un ángel apóstata, no alcanza su poder más que a seducir y apartar el espíritu humano para que viole los preceptos de Dios, oscureciendo poco a poco el corazón de aquellos que tratarían de servirle, con el propósito de que olviden al verdadero Dios, sirviéndole a él como si fuera Dios. Ésto es lo que descubre su obra desde el principio.” (San Ireneo, Trat. contra las herejías, 5).
A continuación, un arma para siempre tenerla a mano de nuestro espíritu y el de nuestros seres queridos:
Oración a San Miguel Arcángel
“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la maldad y las trampas del demonio.
Que Dios lo someta, instamos suplicantes.
Y tú, Príncipe de la milicia celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.”
