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Home/Política/Cardenal Pizzaballa: Jerusalén está llamada a sanar un mundo envenenado por el odio
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Cardenal Pizzaballa: Jerusalén está llamada a sanar un mundo envenenado por el odio

By elcristianodiario@gmail.com
29/04/2026 3 Min Read
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En una carta pastoral, el Patriarca Latino de Jerusalén reflexiona sobre la guerra en Tierra Santa, afirmando que el conflicto “puso fin a una era y abrió otra, haciéndolo de la peor manera posible.

La vocación de Jerusalén, la ciudad que “desciende de lo alto”, es sanar las heridas del mundo, escribe el Patriarca Latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa en una carta dirigida a la diócesis de Jerusalén (Israel, Palestina, Jordania y Chipre), señalando realidades concretas: la ruptura de las relaciones, su fragmentación y el abuso del nombre de Dios para justificar la violencia. 

El patriarca Pizzaballa, subraya en su mensaje, difundido el 27 de abril, que “lo que estamos viviendo no es simplemente un conflicto local, sino un síntoma de un cambio de paradigma a nivel mundial” y señala que “el 7 de octubre y la guerra en Gaza son acontecimientos decisivos” que “cerraron una era y abrieron otra nueva”.

El retorno del poder y el “culto idolátrico a la guerra”


En opinión del cardenal, “estamos presenciando el regreso de la fuerza como herramienta decisiva para resolver disputas” y “la guerra se ha convertido en objeto de culto idolátrico”.

Por otra parte, el patriarca llama la atención sobre la difuminación de la línea entre información y propaganda, haciendo hincapié en que “cada vez es más difícil distinguir entre información y propaganda”. Asimismo, advierte sobre los nuevos desafíos que plantea el desarrollo de la tecnología en los conflictos armados.

El pecado más grave de nuestros tiempos


El purpurado italiano describe la profunda crisis social y espiritual de la región: “El odio ha cavado profundas trincheras”, escribe, señalando la “dolorosa deshumanización del otro” y alerta sobre la “fragmentación en enclaves y burbujas identitarias” y sobre el hecho de que “el bien común a veces se sacrifica en el altar de intereses particulares”.

El patriarca hace especial hincapié en la crisis religiosa: “los textos sagrados se utilizan a veces para justificar la violencia, la ocupación y el terrorismo” y “este abuso del nombre de Dios es el pecado más grave de nuestros tiempos”.

Jerusalén: “El sueño de Dios”


En esta situación, el cardenal Pizzaballa subraya la necesidad de volver al significado espiritual de Jerusalén. “Su identidad es ser un lugar de revelación de Dios, una casa de oración para todas las naciones”.

Refiriéndose al Libro del Apocalipsis, recuerda que la nueva Jerusalén “desciende del cielo, de Dios” como un don de comunión. “Entre la ciudad construida por el hombre por miedo y la ciudad como don se despliega toda la historia de la salvación”, escribe y enfatiza que “Dios no habita en un edificio separado por límites exclusivos, sino en una relación”, y la renovación requiere “purificación de la memoria” y perdón, que “es la medicina más poderosa”.

El camino específico de la Iglesia


“La misión de la Iglesia de Jerusalén es ser una expresión concreta de la nueva Jerusalén”, subraya el cardenal Pizzaballa y al mismo tiempo destaca la primacía de la oración y la liturgia, que “no son un medio, sino el corazón de la vida”, el papel de las familias como “iglesias domésticas”, las escuelas como “talleres para una nueva humanidad” y los hospitales donde “el amor de Dios se hace presente y redime las divisiones”.

Ante esta realidad, el patriarca destaca la importancia de la unidad cristiana ?”el primer testimonio es la unidad entre las comunidades”- y describe el diálogo interreligioso como una “necesidad vital”. Asimismo, aboga por una oposición inequívoca a la violencia: “el rechazo a la violencia debe ser total y visible”.

“No estamos solos”


“¿Cómo podemos hacer todo esto?”, se pregunta. “No podemos hacerlo solos. Pero no estamos solos. Cristo nos espera”, escribe el patriarca para concluir y añade “el apoyo no es la fuerza humana, sino la alegría del Evangelio”, que permite volver a la realidad cotidiana “con el corazón lleno del sueño de Dios”.

Fuente: AICA

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