Dante Gebel, el hombre que llenó estadios prometiendo mensajes evangélicos, hoy protagoniza un giro de guión que ni sus guionistas de Hollywood podrían haber escrito mejor. Entre la fe, el espectáculo y una inminente candidatura presidencial, Gebel se ha convertido en el centro de una polémica que lo define ya no como un líder espiritual, sino como un “embaucador profesional” para sus críticos más feroces.

El pastor Gebel cuando imponía las manos
¿Pastor o Comunicador? La metamorfosis por conveniencia
La contradicción más flagrante de Gebel es su propia identidad. Durante décadas, construyó su imperio como el “pastor de los jóvenes“, liderando la River Church en California y presentándose como un ungido de Dios. Sin embargo, en recientes entrevistas de cara a su posible candidatura para 2027, ha comenzado a renegar de su título: “No soy pastor, soy comunicador”, afirma ahora sin ruborizarse.
Para muchos, este cambio no es una evolución personal, sino una estrategia de marketing político. “Ya empezó mintiendo”, señalan sus detractores, quienes ven en esta negación un intento burdo de “limpiar” su imagen religiosa para captar al electorado laico, mientras sigue recolectando diezmos en dólares en su iglesia.
La tibieza como estrategia política
Si su identidad es difusa, sus convicciones morales parecen líquidas. Gebel, que alguna vez predicó absolutos bíblicos, hoy navega en la ambigüedad calculada de quien busca votos. ¿Se puede agradar a todos?
Sobre el aborto y matrimonio igualitario: Su respuesta ahora es un “ni a favor ni en contra” o “no sería mi prioridad”. Aunque presionado admite que “por la Biblia” no está a favor, se apresura a aclarar que, de ser presidente, no tocaría esos temas porque “no son el eje”. Una postura que enfurece tanto a progresistas como a conservadores, quienes ven en él una falta total de compromiso real.

“No soy pastor”
Humanismo vs. Evangelio: Críticos teológicos lo acusan de haber sustituido la doctrina por un “coaching humanista”, un mensaje diluido y motivacional diseñado para vender libros y entradas, más que para transformar vidas espiritualmente.
El “Evangelio de la Ferrari”
Quizás el punto que más indignación genera es su ostentosa riqueza, justificada con un cinismo que roza la burla a sus propios seguidores, que oblan el diezmo …o lo que pueden.

Con el pastor Gimenez (“te animás a predicar”, le dijo alguna vez).
Algunos críticos, en clave de política argentina, señalan que tiene la misma relación con ellos que Cristina Fernández con sus fanáticos: lider rico y seguidores humildes. Y también señalan que “PresiDante” es una invención de ella contra Kiciloff, que hoy está en el centro de la escena opositora.
Gebel no tiene reparos en exhibirse con aviones privados o autos de lujo (como la famosa Ferrari amarilla que, según él, alguien le “sembró” o regaló).

“Me lo regaló Dios”
Ante los cuestionamientos, su defensa es la ironía: se burla de la pobreza franciscana y atribuye sus lujos a “regalos de Dios” o al fruto de su “oficio” como orador, negando vivir de las ofrendas de sus fieles. Sin embargo, para el ciudadano de a pie, esta jactancia lo acerca peligrosamente a la figura del “chanta” que vive de la credulidad ajena, monetizando la fe mientras viaja en jets privados.
Presidente 2027: ¿La última gran estafa?
Ahora, el “showman” espiritual coquetea con la Casa Rosada. Sin un plan político serio, sin equipo consolidado y sin definiciones ideológicas claras, su posible candidatura parece más una extensión de su ego que una vocación de servicio. Al final del día, Dante Gebel se perfila para muchos no como el salvador que Argentina necesita, sino como otro vivo que ha encontrado en la política el siguiente gran escenario para su inagotable espectáculo personal.

En su programa, con Tinelli
