El Congreso vuelve a sesionar: entre las leyes que podrían transformar al país y las declaraciones que pueden esperar
La última semana de agosto encuentra al Congreso Nacional frente a una nueva oportunidad y también ante una vieja tentación: utilizar el tiempo legislativo para discutir los grandes problemas de la Argentina o dispersar energías en una interminable sucesión de proyectos que, aunque puedan tener valor simbólico o local, difícilmente cambien la vida de millones de ciudadanos.
La Cámara de Diputados volverá al recinto el miércoles 26, en una sesión que promete ser extensa y con debates intensos. En la agenda aparecen cuestiones de indudable importancia institucional y económica, junto con otras iniciativas que parecen confirmar una costumbre demasiado arraigada: convertir al Congreso en una máquina de declaraciones, homenajes y designaciones de capitales nacionales.
La pregunta inevitable es sencilla: ¿está la Argentina en condiciones de perder tiempo?
Los temas que sí pueden importar
Entre los proyectos previstos se encuentra la discusión sobre la Carta Orgánica del Banco Central, una cuestión que debería ocupar un lugar central en cualquier debate sobre el futuro económico argentino.
La estabilidad monetaria, la inflación, la confianza en la moneda y el funcionamiento del sistema financiero no son cuestiones abstractas. Forman parte de la vida cotidiana de los argentinos. El precio de los alimentos, el valor de los salarios, el acceso al crédito y la posibilidad de ahorrar dependen, en buena medida, de que el país logre construir instituciones económicas previsibles.
También aparece el proyecto denominado “Inocencia Fiscal II”, además del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes y el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y Singapur. Se trata de iniciativas que, desde diferentes perspectivas, podrían tener impacto sobre la actividad económica, la inversión, la innovación y la inserción internacional de la Argentina.
La reducción del IVA para la fécula de mandioca también responde a una problemática productiva concreta y merece ser debatida dentro de una política tributaria más amplia.
En las comisiones, además, aparecen temas que reflejan problemas reales: el régimen federal de áreas metropolitanas, la situación de las personas que viven en la calle y el vandalismo rural.
Son cuestiones que requieren leyes, recursos, coordinación institucional y, sobre todo, voluntad política para pasar del diagnóstico a las soluciones.

La otra agenda: capitales nacionales y declaraciones
Pero junto a estos proyectos, la agenda legislativa incluye una extensa lista de iniciativas destinadas a declarar ciudades o localidades como capitales nacionales de distintas actividades.
La Ciudad de Buenos Aires podría ser declarada Capital Nacional del Teatro. Chivilcoy, Capital Nacional del Coleccionismo. San Juan, Cuna de Domingo Faustino Sarmiento y Capital Nacional de la Educación. Santa Cruz, Capital Nacional de la Natación de Aguas Frías. Tucumán, Capital Nacional del Ecoturismo. San José de los Cerrillos, Capital Nacional del Cerdo Negro. Caá Catí, Capital Nacional de la Producción Bubalina.
También se tratará la declaración de San Miguel de Tucumán como capital simbólica de la República Argentina cada 9 de julio y el reconocimiento del Camino de Brochero como parte del patrimonio inmaterial nacional.
Nada impide valorar la cultura, las tradiciones, la producción regional o la historia. Todo ello forma parte de la identidad nacional y merece ser promovido.
Pero la discusión es otra.
¿Debe ocupar el mismo espacio político y parlamentario la declaración de una capital nacional que la reforma de instituciones económicas, la situación de millones de personas empobrecidas o la búsqueda de soluciones para una Argentina en crisis?
La asistencia al trabajo
El problema no está en reconocer el valor de una localidad. El problema aparece cuando el Congreso parece funcionar con una lógica que pone en la misma fila lo urgente, lo importante y lo meramente declarativo.
¿Cuál sería la forma de poder manejar lo urgente y todos los otros temas que interesa al cuerpo legislativo? Simple: Que los señores legisladores concurran al recito por lo menos 2 veces por semana o más. Dirán que tienen que trabajar puertas adentro en evaluaciones, en gestión política o en elaboración. Pero como todos los trabajadores del país, la asistencia al lugar de trabajo es fundamental. Además que, sólo como ejemplo: Diputados la última vez que sesionó fue hace 40 días, y la de senadores hace 20 días. La Argentina no puede esperarlos.
Y tampoco tiene demasiado margen para la demora.

Una crisis que exige algo más
El país atraviesa una crisis que no puede reducirse solamente a los números de la economía.
Es cierto que la inflación, la pobreza, el empleo, la presión impositiva la recuperación de la industria siguen siendo desafíos fundamentales. Pero la crisis argentina también es social, educativa, institucional y ética.
Hay familias que no encuentran un horizonte. Jóvenes que piensan en emigrar. Niños que crecen en condiciones de pobreza. Personas que viven en la calle. Comunidades rurales afectadas por la inseguridad. Un sistema educativo que necesita recuperar calidad. Una natalidad en descenso. Y leyes de género o la del aborto, que sigue segando vidas humanas no deseadas. Una sociedad cada vez más fragmentada y una creciente desconfianza hacia las instituciones.
Frente a este panorama, el Congreso debería preguntarse cuáles son las leyes que realmente necesita la Argentina.
No se trata de legislar por cantidad ni de llenar el Boletín Oficial de nuevas normas. El país ya tiene miles de leyes (el tema, es cierto, es que la administración y la Justicia las haga cumplir, también). Lo que realmente necesita la Nación son buenas leyes, claras, aplicables y orientadas al bien común. Y exige dirigentes dispuestos a dejar de pensar solamente en la próxima sesión, en el próximo titular o en la próxima elección.
