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Religión

Encuentro en Rimini: ‘Amen siempre a la Iglesia y conserven la unidad’, alentó el Papa

By El Cristiano
22/08/2026 6 Min Read
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El papa León XIV se dirigió a los participantes del 47º Encuentro por la Amistad entre los Pueblos, el sábado 22 de agosto por la tarde en el Centro de Exposiciones de Rimini.

La visita del Papa a este Encuentro de una semana de duración, organizado anualmente por el Movimiento Comunión y Liberación a finales de agosto, se produce en el contexto de su Visita Pastoral a la República de San Marino y a la ciudad de Rimini.

En sus palabras durante el encuentro, el Papa animó a los presentes a mantenerse firmes en su fe y les instó a aprender del ejemplo de Jesús de promover la paz en tiempos de conflicto e injusticia.

“Hoy también, la paz se fomenta y se difunde entre personas que disfrutan del encuentro y no temen relacionarse entre sí. En su encíclica Fratelli tutti, el papa Francisco nos enseñó a cultivar la amistad social, que es la expresión pública, dinámica y concreta de la fraternidad.”

“Antes de fronteras, definiciones e instituciones, siempre hay personas.”

“Cuando nos reconocemos unos a otros en la dignidad de ser hijos de Dios”, observó el papa León XIV, “entramos en contacto con aquello que une fundamentalmente a los seres humanos, más allá de toda diferencia, división o conflicto”.

“El mal no se combate con el mal”


El Papa recordó a los presentes que “el amor mueve” y reflexionó sobre cómo Jesús describió la perfección de Dios, revelando el abismo entre la generosidad de su acción y la estrechez de miras de los pensamientos humanos.

Según señaló, la realidad se asfixia dentro de nuestros cálculos y respira la gratuidad de Dios.

El Santo Padre dijo que “no es coincidencia” que mis predecesores -San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco- señalaran la misericordia divina como el punto de encuentro entre el Evangelio y las “novedades” de esta época dramática y maravillosa.

“Para seguir a Jesucristo tras las tragedias y los nuevos comienzos del siglo XX”, subrayó el Papa León, “se requiere una clara conciencia de que el mal no se vence con el mal”.

“Como en el cielo, así en la tierra”, insistió, “el amor es la ley de la vida y el medio de redención: el camino del Mesías crucificado”.

El amor de Cristo nos compromete y nos purifica


“La cultura católica debe contrarrestar el falso realismo que rearma mentes, palabras y naciones, con el realismo de la misericordia que reconoce que no puede haber enemigos, y que todos, incluso aquellos que se oponen a nosotros, son hermanos a quienes mirar a los ojos y con quienes encontrarnos con la verdad”.

Si bien reconoció que el pecado ciertamente existe, afirmó que el amor redentor de Cristo es más fuerte.

El amor de Cristo, enfatizó, “nos compromete a purificar nuestros pensamientos, intereses, hábitos, relaciones, planes e inversiones -de hecho, todos los aspectos de nuestras vidas- de todo aquello que la cultura del poder ha contaminado”.

La gloria de Dios debe resplandecer, las relaciones de poder injustas deben ser “desenmascaradas”.

El Papa observó que entre los allí reunidos no faltan conocimientos especializados, responsabilidad ni recursos para ponerlos al servicio de una auténtica conversión de un pueblo.

“La obsesión por preservar la propia gloria, la propia “dignidad”, la propia influencia”, dijo, “no debe influir en nuestros sentimientos. Debemos buscar la gloria de Dios, y esta no coincide con la nuestra”.

Dijo que la gloria de Dios que resplandece en la humildad de la cueva de Belén o en la deshonra de la cruz de Cristo siempre nos sorprende.

En consecuencia, exhortó a todos los fieles a unirse para liberar “nuestras vidas de la sospecha, la cultura de la arrogancia, la educación de la ideología, el trabajo de la idolatría del lucro y la tecnología y las finanzas del negocio de la muerte”.

“Comenzando por las organizaciones que hemos creado y en las que trabajamos”, invitó el Papa, “denunciemos las estructuras de poder injustas que están en la raíz de la pobreza, la desigualdad, la guerra y los desastres ambientales”.

Se necesitan pioneros valientes


En este contexto, el Papa León también hizo un llamamiento a frenar el desarrollo tecnológico cuando este se vuelve generalizado y destructivo.

“Necesitamos pioneros valientes que, dando un primer paso en sus propias vidas”, insistió, “puedan hacer que la transformación que se exige a todos resulte convincente y creíble”.

“¡Que no solo haya quienes aviven las llamas del cansancio y la desesperación, sino también quienes reavivan los sueños y las visiones!”, dijo el León XIV, reconociendo que ambos caminos son incompatibles, “porque uno se nutre de la división, la alienación y la desesperación, mientras que el otro sirve al Reino de Dios y a su justicia”.

El Santo Padre reconoció la gran participación de los jóvenes presentes, muchos de los cuales son voluntarios.

“¡Ustedes son una señal de que el futuro es prometedor, y no una amenaza!”, insistió, a pesar de que muchos, según dijo, ya no lo creen, tanto adultos como jóvenes.

“En silencio, el amor que mueve el sol y las demás estrellas sigue inspirando esperanza”, dijo el Papa, destacando la intensidad con la que vivió este encuentro con los jóvenes durante sus viajes apostólicos al Líbano, África y España.

¡Jóvenes, arriésguense!


“El amor nos mueve, nos impulsa, nos despierta de nuestro letargo” e “inspira nuevas vocaciones y nos llama a asumir riesgos”, dijo el Papa León.

Así pues, exhortó: “¡No tengan miedo de entregarse por completo! Ábranse a un espíritu verdaderamente universal, ampliando sus redes más allá de cualquier sentido de pertenencia demasiado limitado. Que su Movimiento, sus grupos y sus comunidades sean un trampolín desde el cual puedan sumergirse en la totalidad de la realidad”.

Con este sentimiento, dijo: “Resistan todo aquello que los separe de sus hermanos y hermanas de diferentes culturas, sensibilidades y orígenes, especialmente de los más pobres. ¡En cambio, salgan a encontrarse con todos!”.

“En cada rincón del mundo, especialmente en los márgenes y entre los que sufren”, dijo, “encontrarás gente dispuesta a ayudar a construir la civilización del amor”.

No permitas que nadie menosprecie que Dios es amor
El Papa advirtió sobre el peligro de que este amor se viera disminuido, e hizo hincapié en que en el amor nunca hay coacción ni adoctrinamiento; nunca seducción, engaño ni reclutamiento.

“El amor solo existe en la libertad, en el encuentro genuino y en la generosa entrega de uno mismo”, dijo.

La adhesión de los jóvenes a Cristo


El Santo Padre observó a los jóvenes cómo el mundo de hoy parece asombrado por su adhesión a Cristo, por la atracción que sienten hacia Él y su Palabra, y por su pertenencia a la Iglesia.

“Para muchos hoy en día, el mero hecho de que seáis cristianos es una sorpresa. Sin embargo, sin alardes, “la palabra del Señor resonó desde vosotros””, dijo, citando la carta de San Pablo a la comunidad de Tesalónica, donde también les decía: “Vuestra fe en Dios se ha extendido por todas partes, de modo que no necesitamos decir nada”.

“No se trata de una cuestión de números, aunque es conmovedor ver a miles de tus compañeros buscando el bautismo en sociedades consideradas entre las más secularizadas del mundo”, sino, dijo, “de una cuestión de libertad, porque la verdad solo se puede encontrar en la libertad”.

La Iglesia crece por atracción


El Santo Padre recordó que sus predecesores han repetido en varias ocasiones: ‘La Iglesia no practica el proselitismo, sino que crece por atracción’.

León XIV reconoció que somos humanos y que a menudo estamos marcados por las limitaciones y el pecado. “Sin embargo”, animó, “es el Señor quien siempre nos levanta, tanto individualmente como en comunidad”.

Con este aliento, el Papa León les dijo a los allí reunidos: “Amen siempre a la Iglesia” y “Amen y protejan la unidad de la “comunidad” a través de la cual Cristo los ha alcanzado y los atrae hacia sí mismo”.

Vale la pena repetirlo: ¡Amen siempre a la Iglesia! Queridos amigos, amen y conserven la unidad.

El Papa concluyó recordando a todos los presentes que un elemento fundamental en toda comunidad cristiana es la oración, antes de invitarlos a unirse en el rezo del Padrenuestro.

Fuente: AICA

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