La Iglesia Católica se apresta a reconocer oficialmente un milagro atribuido a la intercesión de Enrique Shaw, lo que abrirá definitivamente el camino hacia su beatificación. Se trata de la curación inexplicable de un niño argentino que, tras sufrir un gravísimo accidente en 2015 y quedar al borde de la muerte clínica, se recuperó por completo sin dejar secuelas. La ciencia no logra explicar lo ocurrido.
…Pero fue la intervención divina pedida con insistencia.
El accidente que cambió una vida
El 21 de junio de 2015, en un campo de la localidad bonaerense de Suipacha, un niño de cinco años jugaba cerca de un corral cuando un caballo, asustado por una víbora, lanzó una patada que impactó violentamente en su cabeza. El golpe fue devastador. El pequeño quedó inconsciente, sin reacción aparente y con signos vitales prácticamente inexistentes.
“La madre fue testigo directa del hecho. Cuando lograron levantarlo, parecía no respirar. Todo indicaba una muerte inminente”, relató Fernán de Elizalde, administrador de la causa de beatificación de Enrique Shaw.
Una carrera desesperada contra el tiempo
Sin ambulancia ni recursos inmediatos, la familia subió al niño a una camioneta y comenzó un recorrido desesperado en busca de ayuda. Pasaron por distintos pueblos hasta llegar a Chivilcoy, donde dos médicas con experiencia en trauma lograron una reacción mínima que permitió estabilizarlo lo suficiente como para su traslado aéreo.
Gracias a esa intervención clave, el niño llegó con vida al Hospital Universitario Austral, en Buenos Aires, incluso soportando el traslado en helicóptero. Aun así, el pronóstico seguía siendo estremecedor.
“Hagan todo lo que sea necesario”
Al ingresar al hospital, un médico advirtió a la familia que el estado del niño era tan grave que tal vez no convenía intervenirlo quirúrgicamente, sugiriendo que podía estar clínicamente muerto. Los padres no dudaron: exigieron que se hiciera todo lo posible para salvarlo.
Fue entonces cuando el padre, en un acto de fe profunda, se encomendó a Enrique Shaw, empresario argentino cuya causa de beatificación ya estaba en marcha. “Yo te cambio tu santidad por la salud de mi hijo”, fue la frase que, según De Elizalde, marcó espiritualmente el inicio del milagro.
Una cadena de oración que cruzó fronteras
La familia comenzó a pedir oración. Al principio fueron unos pocos. Luego, la red creció de manera exponencial. Con el correr de los días, entre 7.000 y 8.000 personas en distintos países rezaban por la recuperación del niño, pidiendo su curación por intercesión de Enrique Shaw.
Una tía del pequeño diseñó una estampita con la imagen de Shaw y una leyenda significativa: “Que sea tu milagro”. La imagen se difundió por redes sociales, circuló por el hospital y fue colocada discretamente detrás de la cama del niño en terapia intensiva. Incluso enfermeros y médicos se sumaron a la oración.

Un cuadro clínico sin salida
Durante 45 días, el niño permaneció internado en estado crítico. Fue sometido a cinco cirugías cerebrales para drenar líquido acumulado por una severa hipertensión intracraneana. A pesar de los esfuerzos médicos, la situación no se estabilizaba.
La última alternativa era extrema: implantar una válvula de drenaje permanente en el cerebro. La válvula fue importada del exterior y se convocó a un especialista. La cirugía fue programada para una tarde puntual. La madre, desesperada, rezó con una intención clara: que su hijo viviera.
El instante decisivo
Minutos antes de entrar al quirófano ocurrió lo inesperado. Durante un control de rutina previo a la operación, el cirujano advirtió que el líquido comenzaba a drenar de manera espontánea y normal. La presión intracraneana se había regularizado sola. La válvula ya no era necesaria. La cirugía se suspendió.
“Ese momento marca un antes y un después. Es un criterio clave en los procesos canónicos: el cambio repentino, sin intervención médica capaz de explicarlo”, explicó De Elizalde.
Recuperación total, sin secuelas
Desde ese instante, la mejoría fue rápida y sostenida. El niño comenzó a alimentarse, fue extubado y mostró una recuperación neurológica sorprendente. En pocas semanas fue trasladado al Instituto Fleni para rehabilitación.
Allí ocurrió lo que muchos describen como “un segundo milagro”: el niño se recuperó por completo, sin secuelas neurológicas, cognitivas ni físicas. Hoy, ya adolescente, lleva una vida absolutamente normal.
La mirada de la Iglesia
El vicepostulador de la causa, Monseñor Santiago Olivera, explicó que para la Iglesia un milagro no es solo algo llamativo, sino un hecho que excede toda explicación científica comprobable. “Cuando Roma estudia un milagro, verifica con rigor médico que no hay explicación posible”, afirmó.
Toda la documentación clínica fue analizada minuciosamente. La conclusión fue unánime: la ciencia no puede explicar lo ocurrido.
Enrique Shaw, un modelo para el siglo XXI
Este milagro por intercesión de Enrique Shaw abrió definitivamente el camino a su beatificación. Fué un laico que vivió su fe en el mundo empresarial y en su familia. Defendió cada puesto de trabajo de Rigoleau, la empresa que dirigía. Siendo muy joven enfermó de cáncer y fueron los obreros de Rigoleau los que se ofrecieron a donar sangre para salvar su vida.
“Ahora soy feliz, ya que por mis venas corre sangre obrera”, dijo. Murió a los 41 años, pero dejó un legado: La fé y la empresa deben integrarse, y se la debe transformar desde adentro. Fundador de ACDE, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, “es un ejemplo providencial de nuestros tiempos”, al decir del Papa León XIV.
Este milagro por su interseción, ahora reconocido por la Iglesia, abre las puertas a ser declarado beato, para mayor gloria de Dios.
