Estados Unidos lanzó durante la madrugada del sábado un ataque militar de gran escala sobre territorio venezolano y anunció la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en una operación sin precedentes que sacudió a la región y al sistema internacional. El operativo fue confirmado horas después por el presidente estadounidense, Donald Trump, a través de sus redes sociales, y se produjo tras meses de creciente presión política, económica y militar de Washington sobre el régimen chavista.
Explosiones en Caracas y clima de incertidumbre
Vecinos de la capital reportaron al menos siete explosiones en las primeras horas del tercer día de 2026. Las detonaciones sacudieron edificios, obligaron a muchos a salir a la calle y provocaron un aluvión de mensajes y videos en redes sociales. En algunas zonas se registraron cortes de electricidad, mientras que en otras el tránsito continuó con relativa normalidad.
Videos verificados por agencias internacionales mostraron columnas de humo elevándose desde instalaciones militares, trazas luminosas en el cielo nocturno y explosiones que iluminaban las colinas alrededor de la ciudad. El ataque duró menos de 30 minutos, aunque no estaba claro si se trataba de una acción aislada o del inicio de una ofensiva más amplia.
Trump anuncia la captura de Maduro
A las 4:30 de la madrugada (hora de la costa este de EE.UU.), Donald Trump publicó un mensaje en Truth Social en el que afirmó que Nicolás Maduro y su esposa habían sido “capturados y trasladados fuera del país” en una operación conjunta con fuerzas de seguridad estadounidenses. “Más detalles a continuación”, escribió el mandatario, quien convocó a una conferencia de prensa
Según la legislación venezolana, ante la ausencia del presidente debería asumir la vicepresidenta Delcy Rodríguez, aunque no hubo confirmación oficial de que esto haya ocurrido.

Foto difundida por Donald Trump del traslado de Maduro.
El gobierno venezolano exige pruebas de vida
Horas después del ataque, Delcy Rodríguez (que se presume está en Rusia u otro lugar en el exterior) difundió un comunicado en el que afirmó que se desconocía el paradero de Maduro y de la primera dama. “Exigimos al gobierno de Donald Trump prueba de vida inmediata”, sostuvo.
En paralelo, el Ejecutivo venezolano llamó a la movilización popular y anunció la implementación de un decreto de “estado de conmoción exterior” en todo el territorio nacional. Según el comunicado oficial, la medida busca “proteger los derechos de la población y garantizar el funcionamiento de las instituciones”, aunque también habilita la suspensión de garantías individuales y un mayor rol de las Fuerzas Armadas.
El mensaje incluyó un llamado explícito a la “lucha armada” para enfrentar lo que calificaron como una agresión extranjera.
Implicancias legales
Las consecuencias legales del ataque plantearon interrogantes inmediatos en Estados Unidos. El senador republicano Mike Lee afirmó haber hablado con el secretario de Estado, Marco Rubio, quien le indicó que Maduro habría sido arrestado para enfrentar cargos penales en territorio estadounidense.
Maduro había sido acusado en marzo de 2020 en el Distrito Sur de Nueva York por conspiración para cometer “narcoterrorismo”, una causa que Washington mantuvo abierta durante años como parte de su presión judicial contra el régimen.
Restricciones aéreas y alerta a ciudadanos estadounidenses
Antes de las explosiones, la Administración Federal de Aviación (FAA) prohibió los vuelos comerciales estadounidenses sobre el espacio aéreo venezolano y también sobre Curazao, citando “actividad militar en curso”.
Asimismo, la web de la embajada de Estados Unidos en Venezuela —cerrada desde 2019— emitió una alerta instando a los ciudadanos estadounidenses a refugiarse donde se encontraran y a extremar las precauciones.
Una escalada anunciada
El ataque se produjo luego de una serie de operaciones militares estadounidenses en el Caribe y el Pacífico oriental, dirigidas contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas. Desde septiembre, se contabilizaron al menos 35 incidentes de este tipo, con un saldo de más de 115 muertos, según cifras oficiales.
La semana anterior, la CIA habría estado detrás de un ataque con drones contra un muelle utilizado por redes de narcotráfico, en lo que fue la primera operación directa reconocida en suelo venezolano desde el inicio de la campaña.
Trump justificó estas acciones como parte de un “conflicto armado” contra los cárteles y sostuvo que eran necesarias para frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos.
Reacciones internacionales divididas
Las reacciones no tardaron en llegar. Cuba condenó la operación y pidió a la comunidad internacional responder a lo que calificó como un “ataque criminal”. Irán también expresó su rechazo. En contraste, el presidente argentino Javier Milei celebró el anuncio de Trump con su habitual consigna: “¡Viva la libertad, carajo!”.
Desde Washington, el subsecretario de Estado Christopher Landau habló de “un nuevo amanecer para Venezuela” y afirmó que “el tirano se ha ido”, mientras que Marco Rubio reiteró que Maduro no es el presidente legítimo del país.
El pueblo venezolano, entre la esperanza y el temor
Más allá de la geopolítica, la atención se centra en la reacción del pueblo venezolano. Tras años de crisis económica, represión y emigración masiva, una amplia mayoría que votó contra Maduro en las últimas elecciones —cuestionadas por fraude— sigue los acontecimientos con expectativa. En algunas zonas, grupos salieron a las calles celebrando lo ocurrido; en otras, simpatizantes del chavismo expresaron su apoyo al líder capturado.
El mayor temor es que la situación derive en enfrentamientos internos o en un derramamiento de sangre. La ausencia de pronunciamientos inmediatos por parte de los principales líderes opositores añade incertidumbre al escenario por estas horas.
Un futuro abierto y decisivo
Las próximas horas y días serán determinantes para Venezuela. La posibilidad de un gobierno de transición, un llamado a nuevas elecciones o una negociación política real está sobre la mesa, pero el riesgo de violencia sigue latente.
En un país profundamente dividido y golpeado, la esperanza de millones es que este giro histórico abra finalmente el camino hacia una vida en libertad, sin presos políticos ni autoritarismo, y con instituciones capaces de reconstruir la democracia. El desenlace aún es incierto, pero el impacto del operativo ya marca un punto de inflexión en la historia venezolana. Quiera Dios que lo que suceda de aquí en adelante sea sin derramamientos de sangre y con la prudencia necesaria de todas las partes para alcanzar la paz y la estabilidad que los venezolanos se merecen.
