Un hallazgo de ADN en muestras históricas del Sudario de Turín volvió a colocar la reliquia en el centro de uno de los debates más trascendentes de la fe cristiana. El nuevo estudio identificó rastros genéticos y microorganismos asociados con el Cercano Oriente y con ambientes salinos, elementos que sus impulsores interpretan como una confirmación del recorrido bíblico atribuido a la tela que habría cubierto el cuerpo de Jesús tras la crucifixión.
La investigación, publicada en la revista científica Scientific Reports, analizó doce muestras de filamentos de lino que habían sido recogidas en 1978. El equipo liderado por el genetista italiano Gianni Barcaccia, de la Universidad de Padua, utilizó secuenciación de nueva generación para examinar millones de fragmentos de ADN y otros rastros biológicos preservados en el tejido.

El Sudario de Turín, la tela que la tradición cristiana vincula con la sepultura de Jesús.
Los científicos detectaron una línea genética humana poco frecuente, más habitual en comunidades del Cercano Oriente, entre ellas grupos drusos de Tierra Santa, Jordania, Líbano y Siria. El dato fue considerado relevante porque conecta la huella biológica de las muestras con la región en la que, según los Evangelios, se desarrollaron la pasión, muerte y sepultura de Jesús.
La investigación también halló microorganismos capaces de vivir en ambientes de alta salinidad. Ese resultado alimenta la hipótesis de que el lienzo estuvo en contacto con una zona de agua salada, como el entorno del mar Muerto. Para quienes defienden la autenticidad del Sudario, el conjunto de evidencias vuelve más consistente la tradición que sitúa su origen en Tierra Santa antes de su largo recorrido hacia Europa.

Las muestras analizadas proceden de la investigación oficial realizada en 1978.
Vatican News, al difundir los resultados, señaló que las conclusiones añaden una nueva pieza al conjunto de indicios que sostienen la autenticidad de la reliquia. El Sudario conserva la imagen tenue de un hombre con señales compatibles con heridas de crucifixión, una característica que desde hace siglos lo convirtió en objeto de devoción y estudio.
La tela mide cerca de 4,4 metros y se conserva en la catedral de San Juan Bautista, en Turín. Su primera exhibición documentada data de la década de 1350, en Francia, aunque defensores de su autenticidad sostienen que pudo haber permanecido oculto durante siglos antes de llegar a Europa.

Fragmentos retirados del borde de la tela para los estudios de datación realizados en 1988.
El nuevo análisis no busca probar por sí solo la resurrección, una cuestión de fe, pero sí aporta datos biológicos que sus autores y divulgadores vinculan con el relato bíblico. La presencia de contaminación acumulada por siglos de manipulación impide atribuir un ADN concreto a la persona envuelta en el lienzo y tampoco permite fijar una fecha definitiva para la tela. Aun así, los nuevos indicios reavivan la convicción de quienes consideran al Sudario de Turín la mortaja de Jesús.
Estudio científico: “DNA signatures preserved in the official 1978 sample collection of the Shroud of Turin”, publicado en Scientific Reports.
Fuente: Contexto
