La “infocracia” en Argentina

El pasado viernes, a través de un video en redes sociales con una estética que recordó a las campañas de promoción más agresivas, el presidente Javier Milei anunció un presunto «cambio de paradigma» en la gestión pública: el lanzamiento del «Gemelo Digital Social».
Bajo la órbita del Ministerio de Capital Humano, esta plataforma de inteligencia artificial (IA) se presenta como una herramienta capaz de centralizar toda la información estatal para simular escenarios y optimizar decisiones en tiempo real sobre las políticas asistenciales.
«Argentina se adelanta al futuro», sentenció el mandatario. Sin embargo, tras la promesa de una modernidad sin precedentes, se esconde una pregunta inquietante: ¿estamos ante un verdadero avance de la eficiencia administrativa o ante la construcción de una maquinaria de vigilancia que pone en jaque la autonomía individual y la dignidad humana?
La tecnocracia y el nuevo “régimen de la información”
Para comprender el calado de este anuncio, es imperativo analizar el concepto de tecnocracia: una forma de poder donde la decisión política emana exclusivamente de quien está técnicamente capacitado, desplazando los debates ideológicos por soluciones puramente numéricas. En este modelo, la eficacia y la rentabilidad sustituyen a la dignidad personal. El técnico reemplaza al político, operando bajo un «mito del apoliticismo» que ignora las necesidades profundas del hombre.
Hoy, la IA actúa como un amplificador masivo de estos riesgos. Hemos entrado de lleno en el «régimen de la información». A diferencia del antiguo orden disciplinario de los siglos XIX y XX -que explotaba y moldeaba los cuerpos y las energías físicas en fábricas y cuarteles-, el régimen actual se apodera de los datos puros para predecir y dirigir el comportamiento humano. El «Gemelo Digital Social» es la materialización perfecta de esto: una representación algorítmica de la sociedad que busca vigilar constantemente para reducir cualquier imprevisto.
¿Qué es realmente el «Gemelo Digital Social»?
La plataforma capitaneada por la ministra Sandra Pettovello promete construir «una sola visión» de los datos sociales, acompañando al ciudadano desde la infancia hasta su madurez.
El mecanismo técnico: En ingeniería, un «gemelo digital» es un modelo virtual que copia con precisión un sistema físico (como un motor o un edificio). Al aplicarlo al tejido social, el Gobierno pretende cruzar bases de datos masivas: DNI, Anses, registros de salud, educación, migraciones, movimientos bancarios y geolocalización.
La polémica se intensifica ante los vínculos sospechados con la firma estadounidense Palantir Technologies, cuyo cofundador, Peter Thiel, visitó recientemente al presidente Milei. Palantir es globalmente conocida por desarrollar los sistemas de inteligencia y vigilancia digital utilizados por la CIA y el FBI. Aunque el Gobierno no ha confirmado la asociación, la terminología del anuncio oficial parece calcada de los servicios que comercializa dicha corporación.
De la biopolítica a la psicopolítica digital
El riesgo más profundo de esta iniciativa no es solo técnico, sino existencial. Estamos transitando de la biopolítica -el control físico e institucional de la población- a la psicopolítica digital.
Tomando las tesis del filósofo Byung-Chul Han1, la psicopolítica es el sutil modelo de dominación donde el poder ya no recurre a la fuerza ni prohíbe la libertad, sino que la explota. En este «panóptico digital», las personas no se sienten vigiladas, sino libres; y es precisamente esa ilusión de libertad la que asegura que entreguemos nuestros datos voluntariamente.
Esta mutación se despliega en tres frentes críticos:
Vigilancia por «conveniencia»: El control estatal se introduce en nuestra rutina disfrazado de comodidad y servicios «inteligentes». El «Gemelo Digital» se promociona como una ayuda social, pero opera como un informante silencioso que registra cada movimiento.
La pérdida de la autonomía: El uso de la IA y el big data permite descubrir nuestro «inconsciente digital» (aquellas preferencias y patrones que revelamos en la red sin darnos cuenta). Al influir en el comportamiento por debajo del umbral de la conciencia, el algoritmo interviene en nuestras acciones antes de que las decidamos voluntariamente, socavando el libre albedrío.
El fin de la acción comunicativa: La racionalidad digital sustituye el discurso humano por el cálculo. En lugar de debates públicos y argumentos propio de la racionalidad, el sistema ofrece «soluciones óptimas» procesadas por máquinas. Así, el ciudadano deja de ser un actor político y pasa a ser tratado como «ganado electoral» o simple consumidor.
La cosificación del individuo: El ataque a la dignidad
La tecnocracia aplicada a la política social tiende inevitablemente a la cosificación, trata a los seres humanos como objetos mensurables. El hombre queda reducido a un mero registro numérico en un océano de información.
En esta sociedad de masas (termitera), corremos el riesgo de transformarnos en un puro Animal Laborans (animal laburante), un engranaje que pierde la capacidad de integrar su esfuerzo en una cosmovisión de significados más trascendentes, limitando su existencia al consumo y la obediencia. Esta alienación rompe los vínculos reales con la comunidad política para sustituirlos por un mapa artificial controlado por programadores. Al encerrarnos en «burbujas de filtro» y «cámaras de eco» digitales, desaparece el «Otro», destruyendo la empatía y la concordia social indispensable en la vida social.
Habeas data
Esta iniciativa colisiona en parte con la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales de Argentina. Hay tres principios fundamentales que tambalean bajo el nuevo esquema estatal:
Principio de Finalidad (Art. 4°): Los datos no pueden usarse para fines distintos a los que motivaron su recolección. ¿En qué momento autorizaron los ciudadanos que sus registros médicos o escolares fueran volcados para entrenar una IA predictiva de control social?
Decisiones Automatizadas (Art. 20): La ley prohíbe explícitas que los actos administrativos que evalúen la conducta humana tengan como único fundamento un tratamiento informatizado. Si el «Gemelo Digital» decide de forma autónoma quién recibe una beca o un subsidio basado en un perfil algorítmico, el Estado estaría incurriendo en una nulidad absoluta.
Seguridad y Confidencialidad (Art. 9° y 10°): Centralizar masivamente la vida de millones en una «visión única» eleva exponencialmente el peligro de filtraciones catastróficas o accesos indebidos por parte de corporaciones tecnológicas extranjeras.
Hacia la “Infocracia”
El desenlace de este camino es la transición definitiva de la democracia a la infocracia: el régimen político donde la información se utiliza como un arma de control y la verdad factual se evapora frente a la «eficacia» del sistema.
En la infocracia, los representantes políticos son sustituidos por expertos informáticos que administran la sociedad bajo una visión conductista del ser humano: una perspectiva que asume que el comportamiento de las personas es predecible y gobernable como el de las abejas o los monos. Esta noción es incompatible con la libertad. Lo que está en juego es, ni más ni menos, la expectativa de cada ciudadano de ser dueño de su propia vida y autor de su propia experiencia.
Recuperar el discurso público sin ideologismos
La implementación de sistemas de inteligencia artificial a escala estatal no puede ocurrir bajo el secreto de una «sala de máquinas» algorítmica. Es urgente exigir transparencia total y abrir un debate público genuino.
La libertad no consiste en «hacer clic» o en recibir beneficios sociales optimizados por un software, sino en la capacidad de actuar de forma autónoma y participar de diferentes modos en la vida comunitaria. Si permitimos que el «Gemelo Digital» reemplace a la política, corremos el riesgo de que nuestra dignidad se diluya en un mar de datos, convirtiéndonos en prisioneros de una caverna digital (Platón) donde la luz de la verdad se apague por completo. Antes de «adelantarnos al futuro», asegurémonos de que ese mañana todavía tenga lugar para los seres humanos.
Autor: Pablo Berarducci
Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia. Taurus, 2022 ↩︎
