La oración y el sufrimiento
A veces creemos que Dios no escuchó nuestra oración porque el sufrimiento no desapareció.
Y quizá estamos mirando la respuesta desde el lugar equivocado.
Santo Tomás de Aquino lo explica de una forma impresionante: si comprendiéramos cómo Dios utiliza nuestras aflicciones para nuestra salvación, entenderíamos que incluso en ellas nuestra oración ha sido escuchada.
El problema es que nosotros pedimos que desaparezca el dolor, mientras que Dios puede estar utilizándolo para transformarnos.
Hay sufrimientos que no entendemos. Puertas que se cierran. Planes que fracasan. Personas que se van.
Momentos en los que rezamos y parece que el cielo permanece en silencio.
Y entonces pensamos: “Dios no me está escuchando.”
Pero la fe cristiana nos propone una perspectiva mucho más profunda.
Que Dios permita una prueba no significa que nos haya abandonado.
A veces aquello que nosotros llamamos obstáculo, Dios lo utiliza como instrumento. Como una medicina amarga que no queremos tomar, pero que necesitamos para sanar.
El sufrimiento no es bueno en sí mismo. Pero Dios puede sacar un bien incluso de aquello que nos hace sufrir.
Quizá esa cruz que hoy no comprendes no sea el final de tu camino.
Quizá sea precisamente aquello que Dios está utilizando para prepararte para el siguiente paso.

Autor: Andrés Cuevas (@ancuevasm)
