Un presbítero da la vida por sus fieles tras un cruento ataque contra un templo en Polonia
El aumento de la violencia contra lugares de culto suma un doloroso capítulo en Europa. Durante la celebración de la Santa Misa en una abadía de Jarosław, Polonia, un sujeto de 31 años armado con un machete irrumpió en el templo atacando indiscriminadamente a los presentes.
El violento hecho dejó un saldo de cuatro personas heridas —entre ellas sacerdotes y laicos, incluyendo al Padre Marek Pieńkowski— y la trágica pérdida de un presbítero.
La tragedia puso de relieve el sacrificio de fe y entrega del Padre Stanisław Zbojnowicz. Al percatarse de la amenaza mientras se encontraba en el recinto antes de la misa, el sacerdote intervino de manera heroica al interponerse y arrojarse contra el atacante en un intento por asegurar una reja interna, frenar la agresión y proteger a los feligreses.
En su esfuerzo por salvaguardar a la comunidad, el Padre Stanisław Zbojnowicz sufrió graves heridas de arma blanca en los pulmones tras ser atacado por la espalda, lo que provocó su deceso pocas horas después.
La fiscalía investiga los móviles de esta grave agresión a la libertad y seguridad religiosa.
Dos días después del atentado…
Tras resultar herido en el atentado con cuchillo en la abadía de Jarosław, el padre Adrian Mantykiewicz regresó al altar con la cabeza y una mano vendadas para celebrar la Misa de sufragio.

Ante los fieles congregados, el sacerdote formuló públicamente el perdón cristiano hacia el agresor y pidió rezar por su conversión, asegurando que responder al mal con el mal no es el camino de un discípulo de Jesucristo.
Durante las honras fúnebres del padre Zbojnowicz, el arzobispo de Przemyśl, monseñor Adam Szal, instó a la comunidad a evitar cualquier sentimiento de odio o confrontación.
Por su parte, el padre Mantykiewicz hizo un explícito llamamiento a no estigmatizar al pueblo ucraniano por la nacionalidad del detenido, recordando la histórica labor de asistencia que la abadía ha brindado a los refugiados y pidiendo que un hecho individual no destruya la fraternidad construida.
Fuente: Agencia Nun
