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Religión

Apologética Mariana: las falsedades actuales sobre María y la afirmación de Lutero

By elcristianodiario@gmail.com
22/04/2026 7 Min Read
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Nos enseña San Juan Pablo II que la apologética busca que la gente conozca y entienda las enseñanzas de la Iglesia y pueda dar razón de su esperanza y su fé. La defensa de la Verdad (apologética proviene del griego: defensa/justificación).

Y la apologética mariana es la aplicación de esa lógica apologética al ámbito de la devoción y doctrina marianas: es decir, defender (con razones bíblicas, patrísticas y eclesiales) el sentido auténtico de la Virgen María en el plan de Dios, y responder a objeciones o afirmaciones erradas, como las que hoy escuchamos frecuentemente de nuestros hermanos menores en la fé, que siguen a Lutero en una de sus tantas ramas.

Lutero y sus creencias marianas

Mas allá de la protesta famosa de Lutero sobre las irregularidades en la venta de indulgencias por esos años, algo absolutamente despreciable y que de hecho el efecto de la Gracia no le llegaba al comprador, hoy muchos de sus seguidores afirman falsedades sobre la Madre de Dios que él nunca señaló.

De hecho, Lutero no aparece negando el rol de María en la Salvación y en la Iglesia; por el contrario, se le atribuyen afirmaciones positivas sobre María vinculadas a la fe que acompaña la Encarnación y a su rol en la vida eclesial (especialmente mediante el Magníficat).

Lutero sobre la concepción “espiritual” y la concepción “corporal”

“Porque María la Virgen concibió y dio a luz a Cristo, por eso Cristo fue un ser humano real, corporal y visible, y no solo una realidad espiritual; sin embargo, ella lo concibió y lo dio a luz espiritualmente. ¿Cómo? Así: ella creyó la palabra del ángel, que iba a quedar embarazada y dar a luz. Con esa misma fe en la palabra del ángel, concibió y dio a luz a Cristo en su corazón espiritualmente, al mismo tiempo que lo concibió y dio a luz corporalmente. Pues si no hubiera concebido a Cristo espiritualmente en su corazón, nunca lo habría concebido corporalmente.” (Lutero, WA 23:185). 2

Este punto es teológicamente clave: no reduce a María a una “condición biológica”, sino que vincula la realidad de la Encarnación al modo de respuesta de María en la fe.

Lutero sobre el Magníficat: María “profesora” y maestra de la alabanza

“Ella conduce el coro, y nosotros deberíamos seguirla, cantando.” (Lutero, WA 27:241).

“Aprended de esta maestra (Meisterin, en alemán), si queréis dar gracias.” (Lutero, WA 29:452).

Lutero también llama a María “nuestra querida profesora y maestra” (unsere liebe Meisterin und Lehrerin, en alemán) (Lutero, WA 29:451-52).

“Esta joven ha penetrado con más agudeza en las Escrituras que todos los judíos, y ha conectado con todas las profecías y ejemplos que se hallan en cualquier parte de la Escritura.” (Lutero, WA 29:451-52).

Aquí se ve que Lutero presenta a María como presente y activa en la Iglesia no solo como un recuerdo del pasado, sino como quien enseña a la comunidad cristiana a alabar y a comprender la Escritura en relación con Cristo.

Lutero jamás negó el rol de María

Definitivamente no existe ni un texto de Lutero que niegue el papel de María en la obra de Cristo o en la vida eclesial; lo que sí se documenta es que Lutero la considera modelo, maestra y parte viva de la respuesta cristiana (por ejemplo, a través del Magníficat).

A lo que ya se ha dicho sobre Lutero, conviene añadir —como marco bíblico y espiritual— la cercanía real de la Madre de Jesús con su Hijo, en su infancia y juventud, y ya en la vida pública desde Caná hasta el Calvario.

Y, a la vez, comprender que la historia posterior a Lutero no fue lineal: hubo épocas de auge y otras de tensiones o enfriamientos, mientras que el propio estudio de los textos de los “primeros reformadores” ha mostrado también una vuelta (en algunos ambientes) a la valoración mariana.

Cercanía de María con Cristo: de Caná al Calvario

Como decíamos, en el inicio de la vida pública, el Evangelio muestra a María atenta a la necesidad concreta de los demás. Cuando “el vino se acabó”, ella lo advierte a Jesús y provoca la respuesta mesiánica: “No tienen vino”.

Además, Tomás de Aquino comenta que “el papel de la madre de Cristo era supervisar el milagro”, y que ella “intercede con su Hijo” e “instruye a los servidores” (“su madre dijo a los que servían”).

Y el mismo movimiento de cercanía se revela en la hora suprema de la Pasión. Atanasio describe que, cuando los Apóstoles huyeron, “ella estaba junto a la Cruz” y contemplaba con ojos piadosos las heridas de su Hijo, no buscando “otro auxilio”, sino contemplando la salvación del mundo en el designio de Dios. Y señala que el Señor “desde la Cruz” le confió a María “los oficios de piedad”, y que Cristo, al dividir esos oficios entre la Madre y el discípulo, muestra la honra que se debe a María incluso en la economía de la Redención. 

Devoción mariana: continuidad con “altibajos” y redescubrimientos

San Juan Pablo II, al hablar del desarrollo histórico de la piedad mariana, explica que puede describirse como una continuidad que, sin embargo, “ha ido desarrollándose hasta nuestros días” en “maravillosa continuidad”, con “periodos de florecimiento” y otros “críticos”, que incluso tuvieron a veces el mérito de renovar la devoción.

Y en el terreno de la controversia confesional, el mismo Papa señala un dato decisivo: que investigaciones sobre los primeros reformadores han puesto de relieve posiciones más abiertas a la doctrina católica, y que las obras de Lutero muestran amor y veneración por María como “modelo de toda virtud”; además, llega a “afirmar en ocasiones” privilegios marianos como la Inmaculada Concepción y comparte la virginidad perpetua. 

Y añade que, como fruto de ese estudio y de la reflexión, que “algunos protestantes y anglicanos” han prestado de nuevo atención a temas mariológicos, llegando incluso a posturas cercanas a las católicas en puntos fundamentales (maternidad divina, virginidad, santidad y “maternidad espiritual”). 

De hecho, en un artículo publicado en el diario parisino La Croix 1, la teóloga luterana Élisabeth Parmentier, catedrática de la Universidad de Estrasburgo II, invita a superar malentendidos, señalando que: “Muchos protestantes reconocen que la ocultación total de la madre de Cristo no es conforme a la sagrada Escritura, ni a las confesiones de la Iglesia antigua, ni a las opciones de los reformadores”, afirmó. Y propone avanzar en el diálogo ecuménico “alrededor de María”.

Se trata de un desafío posible. Lo demuestra el equipo ecuménico de investigación teológica surgido en Francia (Grupo de Dombes), con miembros, católicos y protestantes, y que han tomado la figura de María para darle “todo su lugar”.

La paradoja actual

Ante lo señalado, y viendo lo que el propio Lutero y lo aquí documentado señala, la paradoja es: si Lutero fue (incluso según el juicio de Juan Pablo II) alguien que amó y veneró a María y la trató como modelo, entonces resulta llamativo que la recepción posterior en ciertos sectores protestantes haya podido orientarse hacia menos afecto o hacia lenguajes controvertidos sobre el lugar de María en la Iglesia.

Incluso, el argumento más común que hoy se escucha es que “a María la adoran, y eso está reservado sólo a Dios”, en boca de algunos pastores, en referencia a los católicos, y que se repite entre sus seguidores. Recordemos que las iglesias evangélicas no tienen una línea doctrinal común y es cada pastor el que decide qué rescatar de las Escrituras (y por lo visto, de la palabra del propio Lutero).

Pero ese falaz argumento configura además una deslealtad a la confianza que le brindaron, ya que seguramente esa persona que se autotitula pastor debe saber que en la Iglesia Católica sólo se adora a Dios, y que a su Madre Santísima se la venera. Es cierto, también, no todos afirman esta grave falsedad, bueno es señalarlo.

Los hechos incontrastables y la fé en la Iglesia fundada por Jesús

La Escritura y los Padres muestran a María, dando su “Sí” antes de la concepción inmaculada, criando al Salvador con amor maternal durante toda su vida privada, y además actuando y acompañando a Cristo desde el inicio de su vida pública hasta el pie de la Cruz. 

La historia y además, estudios sobre Lutero revelan que —al menos en la época inicial— hubo amor y veneración por María. Algo que no pocos protestantes están empezando a conocer.

El regreso a la Iglesia de Cristo

Y es la que la Santísima Virgen María, con su amorosa intercesión, está llevando a la Iglesia de Su Hijo, de vuelta, a miles de fieles y pastores evangélicos; y también a fieles y sacerdotes anglicanos (lo vemos en las noticias de EEUU e Inglaterra, respectivamente), e incluso a miles de católicos que perdieron la fé y se apartaron de la Iglesia, imperfecta sí, pero que tiene la promesa de Nuestro Señor que nunca la abandonará y que las puertas del Infierno no prevalecerán sobre ella.

Porque Él, quedándose con nosotros en los Sacramentos (que es bueno también decirlo, Lutero los aceptaba), nos dejó a su Madre como madre nuestra (“He aquí a tu madre”). Y Ella, que nos escucha siempre, sigue siendo la mayor intercesora de la humanidad, y “la joya más noble de la cristiandad”, como la llamó Lutero.

A Ella impetramos por la conversión amorosa de nuestros hermanos menores en la fé a la Iglesia Católica, fundada por su Hijo hace 2000 años, venerándola con amor filial hasta el reencuentro definitivo en el Cielo, rezando el Ave María, la oración que Lutero tampoco dejó de rezar jamás.

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