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Home/Política/¿Podrá el “Plan Rubio” frenar la ambición de Netanyahu?
Política

¿Podrá el “Plan Rubio” frenar la ambición de Netanyahu?

By elcristianodiario@gmail.com
14/04/2026 3 Min Read
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Hoy se abre una posibilidad, pero mañana puede que todo quede en la nada.

La diplomacia estadounidense ha vuelto a sentar a Israel y al Líbano en una mesa de negociaciones, esta vez bajo la batuta del secretario de Estado, Marco Rubio. Sin embargo, mientras el café se sirve en las oficinas de Washington, el estruendo de las bombas de Netanyahu sigue marcando el ritmo en el sur del Líbano.

Esta dualidad —negociación en el papel y fuego en el terreno— ha puesto a la administración de Donald Trump ante su primer gran dilema estratégico: ¿es Israel un aliado disciplinado o un actor con agenda propia que amenaza los intereses globales de Estados Unidos?

La paradoja del bombardeo en plena tregua

A pesar de que el gobierno libanés ha manifestado su urgencia por expulsar la influencia de Hezbollah, Israel mantiene una ofensiva que muchos analistas ya no califican de “defensiva”. La destrucción sistemática de infraestructura civil en el sur del Líbano (incluso bombardeos en la capital, Beirut) sugiere un objetivo que trasciende la caza de terroristas: la creación de una zona de exclusión inhabitable.

Para los ministros más radicales de la coalición de Benjamín Netanyahu, como Bezalel Smotrich, el objetivo es claro: el río Litani debe ser la nueva frontera. Esta ambición expansionista choca frontalmente con la soberanía libanesa y, lo más grave para la Casa Blanca, con la estabilidad necesaria para reabrir las rutas comerciales estratégicas y estabilizar la región en breve.

El factor Trump: Negocios, no guerras eternas

Donald Trump llegó a la presidencia con una promesa clara a su electorado: terminar las guerras costosas y centrarse en la economía interna. Para Trump, el conflicto en Medio Oriente es un distractor peligroso. Su administración busca un “Gran Pacto” con Irán que neutralice la amenaza nuclear y, sobre todo, garantice la apertura total del flujo petrolero.

El desgaste que esta guerra provoca en las relaciones con China y Rusia, además, es un lujo que Washington no se quiere permitir. Trump ve con recelo cómo el gasto militar en la región fortalece indirectamente la influencia de Pekín en otros tableros. Si Netanyahu persiste en ignorar los lineamientos de Rubio, el presidente estadounidense podría pasar de la diplomacia de “guante de seda” a la de “mano dura”, utilizando el suministro de armamento o los aranceles, como palanca de control. Ya lo hizo con socios europeos, y con Ucrania.

Netanyahu: Un líder entre la espada y las encuestas

El primer ministro israelí juega una carta peligrosa. Internamente, su situación es crítica. Según los sondeos de abril de 2026, el Likud caería a mínimos históricos (22 escaños), y una mayoría de la población desea su salida antes de las elecciones de octubre.

Para Netanyahu, la guerra es su oxígeno político. Una paz rápida bajo los términos de Trump —que fortalecería al Estado libanés y podría incluso exigir reconstrucción de infraestructura bombardeada— le quitaría el apoyo de sus socios ultraortodoxos y radicales, provocando la caída inmediata de su gobierno.

¿Hacia un choque inevitable?

La oposición israelí, liderada por figuras como Yair Lapid, observa con atención. Si Trump logra articular un acuerdo que garantice la seguridad del norte de Israel sin necesidad de una ocupación permanente, la oposición tendrá el argumento definitivo para exigir elecciones anticipadas, presentándose como el puente hacia una relación armoniosa con Estados Unidos.

El escenario es volátil. Si Israel decide desoír nuevamente el llamado al cese al fuego iniciado hace cinco días, Estados Unidos podría verse obligado a tomar medidas inéditas: desde sanciones selectivas hasta el apoyo explícito a un cambio de liderazgo en Jerusalén.

En este juego de poder, la pregunta ya no es si Hezbollah será derrotado, sino si la alianza histórica entre EE. UU. e Israel puede sobrevivir a las ambiciones territoriales de un gobierno que parece caminar en dirección opuesta a los intereses de su principal protector. El plan Rubio puede ser una salida para todos, o volver a foja cero, con imprevisibles consecuencias. En los próximos días u horas, incluso, lo sabremos.

El mundo exige paz no solo por economía, sino por una ética occidental de raíces cristianas que aún conserva, y rechaza la barbarie. En este frente, el Papa León emerge fortalecido tras su valiente defensa de la diplomacia como camino a la paz.

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