Tras el reciente fallecimiento de Taty Almeida, madre de un militante del ERP (Ejercito Revolucionario del Pueblo), y referente indiscutible de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el análisis de su actividad política permite trazar objetivamente una línea de rara coherencia ideológica.
Lejos de la neutralidad civil, Almeida consolidó a lo largo de las últimas décadas un perfil político definido en la izquierda “latinoamericana” más dura, uniendo de forma orgánica la bandera originaria de la “Memoria, Verdad y Justicia” con las causas más radicales del progresismo contemporáneo. Siempre del lado de los gobiernos socialistas y comunistas, aún los más violentos.
El origen de una identidad política
La conversión política de Taty Almeida estuvo marcada por la tragedia y el descubrimiento: tras el secuestro y desaparición de su hijo Alejandro Martín Almeida durante el gobierno de Isabel Perón, al revisar sus pertenencias, Taty descubrió su militancia en el ERP-22 de Agosto (fracción armada del Ejército Revolucionario del Pueblo), que fué la razón para “convertirse” a esas ideas y ser el motor de su propia militancia, fruto del encono.

Alineamiento internacional y el espejo cubano
En el plano geopolítico, Almeida nunca ocultó su afinidad y defensa de la Revolución Cubana y del gobierno de Fidel Castro. Como parte de la izquierda de la región, mantuvo lazos fluidos con las delegaciones diplomáticas de la isla y respaldó de manera sistemática los reclamos de soberanía de Cuba frente al bloqueo estadounidense. Claro, sin señalar jamás los abusos y ejecuciones ni del Che Gevara ni de Fidel, luego. Los campos de concentración de la revolución donde se enviaba a opositores y homosexuales a la muerte no entraban en su análisis.

Los UMAP en Cuba, campos de concentración donde se “formaba al hombre”
Si bien esta postura le valió duras críticas de sectores opositores, quienes le señalaban una “doble vara” por no condenar las denuncias sobre libertades políticas en la isla, para sus seguidores representaba una lealtad inquebrantable hacia los procesos revolucionarios latinoamericanos que inspiraron a la generación de su hijo. El propio gobierno cubano, tras su deceso, la despidió oficialmente como una aliada fundamental de “Nuestra América”.
El kirchnerismo como la materialización de sus banderas
En la política local encontró su canal de expresión institucional en el kirchnerismo. Almeida se constituyó como un puntal de apoyo explícito para los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, y luego al de Alberto y Cristina, bajo la convicción de que este espacio político transformó las demandas históricas de los organismos de “derechos humanos” en políticas de Estado. Pero sin señalar el aumento (y ocultamiento) de la pobreza.

Tampoco criticó nunca el enriquecimiento evidente de muchos de los funcionarios del gobierno, empezando por la familia Kirchner, que luego de muchos años se demostró en la Justicia.
Enfrentada con Hebe de Bonafini desde la escisión de “Línea Fundadora” de Madres, sí criticó al desmanejo (robo) de “Sueños Compartidos”, pidiendo la investigaran, pero nunca a los funcionarios del gobierno que participaron en el desfalco.

Su respaldo a Cristina Fernández fue total, acompañándola físicamente en sus momentos judiciales más complejos y denunciando una “persecución” en su contra. Este vínculo estrecho quedó sellado de manera simbólica durante su funeral, cuando el cortejo fúnebre se detuvo frente a San José 1111, el domicilio de prisión domiciliaria de la expresidenta para un último adiós desde el balcón.
Vanguardia en el progresismo feminista y LGBTIQ+
Almeida demostró una notable plasticidad ideológica al abrazar el progresismo moderno. Entendió el mensaje de la izquierda europea que las demandas de los años 70 debían actualizarse bajo el ala del feminismo y la diversidad sexual:

- El aborto legal: Se calzó activamente el pañuelo verde, participando de los “pañuelazos” y defendiendo la Ley de “Interrupción Voluntaria del Embarazo” (IVE) como un derecho de salud pública.
- La agenda LGBTIQ+: Se convirtió en una presencia habitual en los escenarios de la Marcha del Orgullo en Buenos Aires y estrechó lazos con la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), exigiendo la “reparación histórica” para las identidades trans y travestis.

¿Oxímoron posible?: Cristianismo marxista
En su fe católica, Almeida también mantuvo esa dualidad analítica: fue una crítica feroz de la jerarquía eclesiástica acusándola como cómplice de la dictadura militar, acuñando el término de golpe “cívico-militar-eclesial”.
Por otro lado, cuando Jorge Bergoglio fue elegido Papa en 2013, Almeida lo acusó públicamente que el cardenal de Buenos Aires tenía “muchas asignaturas pendientes” y deudas con los derechos humanos, a coro con la izquierda, pero poco después, (como Cristina Fernández, crítica feroz de Bergoglio también) logró forjar una relación de afecto y sintonía política con el Papa Francisco, teniendo varios encuentros en el Vaticano.
Taty Almeida se despidió de la escena pública como una persona que viró de una madre tradicional a una activista en contra de la dictadura por sus excesos; para convertirse luego en referente marxista, defensora del gobierno comunista de la isla cubana donde los excesos eran bien vistos, paradójicamente.

Almeida con Florencia Kirchner, en Cuba, en uno de sus viajes a la isla
Eligió jugar en el tablero político, asumiendo con orgullo la bandera del Ché y el kirchnerismo, pero también las banderas abortistas, feministas y “diversas”, en contra de lo que enseña la fé católica sobre el respeto a la vida desde la concepción y al orden natural.
Hace unos días, el obispo Colombo, en un comunicado, expresó “Valoramos el compromiso histórico de Taty en favor de los derechos humanos en nuestro país y agradecemos a Dios haber sostenido su valentía en tiempos difíciles. Su responsabilidad en la búsqueda de la verdad y la justicia son un testimonio para muchas generaciones.” (SIC)
Que Dios le dé el descanso eterno; y que las generaciones futuras sepan discernir las acciones de personajes políticos controvertidos, con objetividad, y desde la Doctrina cristiana.
